La sensibilidad al frío es un fenómeno complejo que involucra la interacción de receptores sensoriales, procesos neurológicos y respuestas fisiológicas. Comprender los mecanismos subyacentes a esta sensibilidad es crucial para abordar diversas condiciones médicas y mejorar el bienestar humano.

Receptores de la piel y su función en la percepción sensorial.
Termorreceptores: Los Detectores de Temperatura
Los termorreceptores son células especializadas del sistema nervioso periférico que detectan y responden a cambios en la temperatura del ambiente o del cuerpo. Estos receptores sensoriales son fundamentales para la percepción y regulación de la temperatura, así como para la activación de respuestas adaptativas al frío o al calor.
Existen dos tipos principales de termorreceptores:
- Termorreceptores fríos: Son sensibles a las disminuciones de temperatura y se activan generalmente en un rango de 20 a 35 grados Celsius.
- Termorreceptores cálidos: Responden a aumentos de temperatura en un rango de aproximadamente 30 a 45 grados Celsius.
Los termorreceptores se encuentran en diversas partes del cuerpo, como la piel, las mucosas y los órganos internos, aunque su distribución y densidad varían según la región y su función. En la piel, los termorreceptores se localizan en la epidermis y la dermis, donde desempeñan un papel crucial en la percepción de la temperatura superficial y en la activación de reflejos térmicos, como la vasoconstricción o vasodilatación cutánea.
A nivel molecular, los termorreceptores presentan canales iónicos transmembrana sensibles a la temperatura, como los canales TRP (Transient Receptor Potential), que permiten el flujo de iones a través de la membrana celular en respuesta a cambios térmicos. La función adecuada de los termorreceptores es fundamental para mantener la homeostasis térmica y garantizar la supervivencia y el bienestar de los organismos.
Descubrimiento de la Proteína GluK2: Un Sensor del Frío en Mamíferos
Investigadores de la Universidad de Míchigan, en Estados Unidos, han identificado la proteína que permite a los mamíferos sentir el frío, dando respuesta a una de las grandes cuestiones por resolver por la biología sensorial. En un estudio de 2019, los autores de esta investigación ya identificaron la primera proteína sensible al frío en Caenorhabditis elegans, una especie de gusano milimétrico usado como modelo en los laboratorios para comprender las respuestas sensoriales.
Dado que el gen que codifica la proteína sensible al frío en esos gusanos está evolutivamente conservado en muchas especies, incluidos ratones y humanos, este hallazgo proporcionó el punto de partida para verificar el sensor del frío en mamíferos: una proteína llamada GluK2 (abreviatura de Glutamate ionotropic receptor kainate type subunit 2).
Para comprobarlo, los investigadores pusieron a prueba su hipótesis en ratones a los que les faltaba el gen necesario para producir la proteína GluK2. Al hacerlo, observaron que los ratones actuaban con normalidad frente a las temperaturas cálidas, templadas y frías, pero no mostraban ninguna respuesta al frío nocivo, considerando como tal temperaturas por debajo de los -15 grados Celsius.
La proteína GluK2 se encuentra principalmente en las neuronas del cerebro, donde recibe señales químicas para facilitar la comunicación neuronal, y también en las neuronas sensoriales del sistema nervioso periférico (fuera del cerebro y la médula espinal). Y es precisamente en el sistema nervioso periférico donde procesa señales de temperatura para detectar el frío, según han visto los investigadores en experimentos con ratones.
"Hace más de 20 años que se empezaron a descubrir estos sensores de temperatura, con el hallazgo de una proteína sensible al calor llamada TRPV1, pero hasta ahora no habíamos podido confirmar qué proteína era la que detecta temperaturas frías nocivas para la salud”, explica el neurocientífico Shawn Xu, en un comunicado de la Universidad de Míchigan.
Termistor. Sensor de Temperatura.
Implicaciones en la Salud y el Bienestar
Los investigadores creen que este descubrimiento puede tener implicaciones para la salud y el bienestar humanos, ya que, por ejemplo, los enfermos de cáncer que reciben quimioterapia suelen experimentar reacciones dolorosas al frío.
"Este descubrimiento de la proteína GluK2 como sensor del frío en los mamíferos abre nuevas vías para comprender mejor por qué los humanos experimentan reacciones dolorosas al frío, e incluso puede llegar a ofrecer una posible diana terapéutica para tratar ese dolor en pacientes cuya sensación de frío está sobreestimulada", añade Xu.
Causas Médicas Subyacentes a la Intolerancia al Frío
Muchas personas tienden a sentir más frío que otras sin ninguna causa aparente. Sin embargo, la intolerancia al frío también puede indicar una afección médica subyacente, como hipotiroidismo, anemia o enfermedad arterial periférica, según el Medical News Today.
La disfunción de la glándula tiroides, el flujo sanguíneo arterial y la baja grasa corporal pueden hacer que una persona sienta frío.
Posibles Causas
Algunos ejemplos de causas recogidos por la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos son:
- Anemia: Según fuentes médicas este trastorno consiste en tener falta de hierro en sangre, lo que deriva en un transporte deficiente de oxígeno a los tejidos corporales. Esto puede causar, entre otras cosas, intolerancia al frío.
- Anorexia nerviosa: La grasa corporal actúa como aislante térmico y como reserva de energía y calor ante situaciones de estrés ambiental. Por esta razón, presentar un índice de masa corporal bajo puede traducirse en intolerancia al frío, entre otros síntomas.
- Enfermedad arterial periférica: La enfermedad arterial periférica ocurre cuando se acumula placa en las arterias que transportan sangre al resto del cuerpo. esto hace que sea más difícil que la sangre circule a través de ellas. Así disminuye el flujo snguíneo a las extremidades, creando sensación de frío.
- Hipotiroidismo: La intolerancia al frío es un síntoma de hipotiroidismo.

La intolerancia al frío puede ser síntoma de diversas condiciones médicas.
Hipotermia y Congelación: Riesgos de la Exposición al Frío
La exposición al frío es un desencadenante para la aparición de determinadas enfermedades en personas susceptibles, y también contribuye a agravar o descompensar otras patologías que ya se tuvieran previamente. Aunque pueda parecer raro, sus efectos se empiezan a observar a temperaturas relativamente moderadas, entre 4 y 8ºC, por ello hay que estar alerta no sólo cuando las temperaturas son extremadamente bajas, sino durante todo el invierno.
El frío puede provocar:
- Cuadros de hipotermia y congelación, aunque estos efectos sólo representan una pequeña proporción del total de patologías invernales en nuestro ámbito. Se producen cuando los mecanismos de conservación y producción de calor no son suficientes para compensar la pérdida de calor experimentada por el importante descenso de la temperatura.
- Debilitar la respuesta inmune o defensiva de nuestro organismo, de manera que aumentan las enfermedades de tipo infeccioso, principalmente respiratorias, de tipo vírico como los resfriados comunes o la producida por el virus de la gripe, o bacterianas como la neumonía por neumococo.
- Agravar enfermedades crónicas respiratorias (bronquitis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, etc.). La inhalación de aire muy frío puede causar irritación del tracto respiratorio, microinflamación y broncoespasmo. La broncoconstricción también favorece la entrada de agentes infecciosos.
- Favorecer la aparición de episodios cardiocirculatorios o descompensación de los preexistentes.
Identificación y Primeros Auxilios
Para identificar un estado de HIPOTERMIA se debe tener en cuenta que los síntomas suelen comenzar de forma gradual y variarán según el grado de severidad. Síntomas inespecíficos como piel fría, temblor, confusión, torpeza en los movimientos, dificultad para hablar, etc. nos deben de hacer sospechar que la persona puede presentar un estado de hipotermia.
La CONGELACIÓN es una lesión de la piel y tejidos corporales por enfriamiento localizado, cuya gravedad depende de la temperatura (siempre por debajo del grado de congelación), la duración de la exposición al frío, la intensidad y la extensión de la superficie afectada. Puede presentarse de forma leve o superficial, provocando daños reversibles, o avanzar hasta una congelación profunda que requiera incluso la amputación de la zona.
¿Qué podemos hacer si nos encontramos con un caso de posible hipotermia?
La hipotermia es una situación de emergencia que requiere asistencia sanitaria inmediata. Algunas medidas a tomar son:
- Llevar a esa persona a una habitación, refugio o lugar caliente o resguardado. Si no es posible, tratar de aislarla de las superficies frías.
- Trasladarla con cuidado evitando movimientos bruscos y no efectuarle masajes.
- Quitarle la ropa si está mojada.
- Darle calor con mantas, toallas u otra ropa de abrigo, o mediante el contacto corporal directo.
La congelación también precisa atención sanitaria urgente, ya que puede dar lugar a secuelas irreversibles. Pueden sumergirse las partes afectadas en agua templada (no caliente) o poner paños o compresas tibias, pero no aplicar calor directo sobre la superficie dañada. También puede darse calor corporal, por ejemplo, calentar los dedos de las manos en el hueco axilar.
Las zonas lesionadas tienen menor sensibilidad, por ello, y para evitar quemaduras, no se deben emplear almohadillas eléctricas, estufas, radiadores, secadores de pelo… para calentarlas.
Factores Individuales y Medidas de Protección
Pero las bajas temperaturas no nos afectan a todos por igual; influyen factores individuales, de adaptación, hábitos personales y sociales, y determinadas circunstancias asociadas al entorno. Los grupos más vulnerables son:
- Personas de edad avanzada.
- Recién nacidos, lactantes y niños de corta edad.
- Embarazadas.
Recomendaciones
- Limite, en la medida de lo posible, las actividades al aire libre, especialmente si pertenece a algún grupo de riesgo.
- Haga salidas breves, evitando los cambios bruscos de temperatura de forma continua.
- Utilice prendas de abrigo que protejan de la humedad y del viento. Es preferible usar varias capas de ropa ligera y holgada que una sola más gruesa.
- Preste especial atención a la cabeza, cuello, manos y pies, ya que la mayor parte del calor corporal se pierde por dichas zonas. Recuerde que la ropa húmeda y el sudor enfrían el cuerpo rápidamente, procure por ello permanecer seco.
- Extreme la precaución para evitar caídas cuando se hayan producido heladas o haya nevado.
- Preste especial atención a las personas mayores, bebés y niños de corta edad, limitando su estancia en el exterior y acomodándolos en las habitaciones más caldeadas del domicilio.
- Haga comidas calientes y mantenga una alimentación variada, de elevado aporte energético, que incluya sopas, caldos y bebidas calientes o templadas a lo largo del día. Evite el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y con cafeína.
- Procure un buen aislamiento térmico de la vivienda. Revise el estado de cerramientos. Evite riesgos de incendio e intoxicación por monóxido de carbono. Tenga especial precaución con las estufas de gas y leña, así como con sobrecargas de la red si utiliza estufas, calefactores o aparatos eléctricos para caldear la casa, y no los deje encendidos durante la noche. Ventile su casa al menos dos veces al día para renovar el aire. Períodos cortos de cinco o diez minutos pueden ser suficientes.
- Si toma medicamentos de forma habitual o padece alguna patología crónica, pregunte a su médico qué medidas complementarias debe adoptar.
- Durante las olas de frío manténgase al tanto de la información que facilitan los medios de comunicación y los servicios sociosanitarios.
Sensibilización Central y Dolor Crónico
El dolor es una señal de alarma, encargada de detectar, trasmitir y modular, la presencia de señales potencialmente peligrosas para la supervivencia del individuo. Esa información se genera en la periferia (normalmente) y se trasmite hacia los centros superiores del Sistema Nervioso Central (SNC).
El problema viene cuando el estímulo que provocó ese dolor no finaliza, se mantiene en el tiempo, más allá de lo esperado, y entonces el procedimiento se adapta a ese nuevo estatus de actividad mantenida, modificando completamente el funcionamiento del sistema nociceptivo.
La Sensibilización Central amplifica la información y modifica el sistema encargado de transmitirla. Las neuronas trasmiten más información, y más rápidamente, hacia la médula espinal. Cuando esa información penetre por el asta dorsal, va a verse modificado el medio ambiente espinal existente, de forma que también las características de las neuronas espinales se ven modificadas. Estos cambios van a modificar así la secreción de neurotransmisores y activación de otros tipos celulares presentes.
Los cambios producidos a nivel espinal conllevan, igualmente, la activación de las células gliales espinales (la microglía y los astrocitos), el equivalente, a nivel del SNC, de las células del sistema inmune. Se trata de células que, al activarse, liberan sustancias proinflamatorias y pronociceptivas, capaces de estimular las neuronas espinales, aumentando la cantidad de información que se transmite a los centros superiores del SNC.

La sensibilización central puede provocar que un estimulo no nocivo se perciba como doloroso.
En conclusión, la sensibilidad al frío es un fenómeno multifacético que involucra receptores especializados, procesos neurológicos y respuestas fisiológicas. La investigación continua en este campo promete mejorar nuestra comprensión de las condiciones médicas relacionadas con la sensibilidad al frío y desarrollar terapias más efectivas.