Puerto de Vega, un pintoresco pueblo de origen ballenero y aires indianos en el occidente asturiano, fue elegido Pueblo Ejemplar de Asturias en 1995 y, tres años más tarde, Pueblo más bonito de Asturias. Actualmente cuenta con 1.814 habitantes y es el núcleo de población más importante después de Navia, la capital del concejo.

Vista panorámica de Puerto de Vega, Asturias.
Historia y Tradición Pesquera
Puerto de Vega ha estado ligada desde siempre a la pesca. Antiguamente fue un activo puerto comercial y ballenero y en la actualidad continúa dedicada a la actividad pesquera. La economía local está ligada profundamente al mar, tanto a la pesca como a la industria derivada de conservas, salazones y escabeches que en otro tiempo estuvo firmemente asentada en el entorno portuario. En la lonja se puede presenciar la venta del pescado, que se celebra los lunes, miércoles y jueves a las 17:30 horas.
Qué Ver en Puerto de Vega
Puerto de Vega conserva un pintoresco puerto pesquero, con unas almenas centenarias. Además, posee otros lugares de interés como el mirador del Baluarte (con cañones del siglo XVIII), el mirador de la Riba, las capillas de la Atalaya, Socorro, Carmen y Lebrón, las antiguas casonas blasonadas (como la de Trelles), las casas natales de Juan Pérez Villamil y la de Álvaro de Navia Osorio.

Mirador del Baluarte, con sus históricos cañones.
Otros lugares que no puedes perderte son el Casino, edificio indiano construido en 1931, donde se proyectaban películas de cine y se representaban obras de teatro; y la iglesia parroquial de Santa Marina (que tiene el órgano más antiguo del norte peninsular). En tu ruta por Puerto de Vega tiene que estar incluida la vieja plaza medieval, hoy conocida como de Cupido, que estaba cerrada por tres casonas señoriales: La desaparecida casa de Ochoa, la llamada Casa de Cachán y la "Casa de las columnas".
En Puerto de Vega no se debe dejar de visitar el Museo de las Historias del Mar, que está en la fábrica de La Arenesca, y el Museo Etnográfico Juan Pérez Villamil, donde podrás conocer 8 oficios típicos del mundo rural asturiano (cesteiros, ferreiros, filandeiros, etc.) que forman parte del gran legado cultural y etnográfico de esta tierra. Ambos museos son gratuitos.
Junto a la antigua conservera, se encuentra el precioso parque Benigno Blanco. Lleva el nombre de un emigrante portoveguense, que terminó siendo alcalde de La Habana. Su familia donó las tierras para convertirlas en un espacio social, y la obra fue sufragada por los vecinos. Este parque cuenta con un área infantil galardonada con el Columpio de Bronce en 2014. Premio que le conceden a aquellos parques accesibles, seguros y sostenibles.
Puerto de Vega como Escenario de "La Última Noche en Tremor"
Adictiva, intrigante, llena de suspense y, sobre todo, muy atractiva para el público internacional: así es 'La última noche en Tremor', la miniserie de ocho capítulos de terror psicológico que ha cautivado a los suscriptores de Netflix. Javier Rey y Ana Polvorosa encabezan el reparto de una serie corta que engancha por su guion, sus interpretaciones y por su ambientación. La serie adapta la novela 'La última noche en Tremore Beach', de Mikel Santiago.
Muchos espectadores se han preguntado dónde está rodado; la respuesta es en el pueblo de Puerto de Vega (Asturias). La serie transcurre en un pueblo ficticio llamado Tremor, pero en realidad las grabaciones tuvieron lugar en el pueblo asturiano Puerto de la Vega, en el concejo de Navia.

Puerto de Vega, escenario principal de 'La Última Noche en Tremor'.
En la serie de Netflix, Rey da vida a Álex, un músico y compositor en crisis que se retira a un pueblo costero del norte para terminar su última obra. Los únicos vecinos en kilómetros a la redonda son un matrimonio que vive en la casa de al lado. Después de un grave accidente durante una tormenta, el músico comienza a tener visiones terroríficas sobre sus vecinos.
Todo este misterio con Álex transcurre en un precioso entorno marinero que acentúa la intriga de la historia y le da un punto salvaje.
Otros Tres Lugares Cercanos para Explorar
Navia (a 8 kilómetros)
Otra preciosa villa costera cercana es Navia, a un paseo en coche, con una rica vida cultural que se puede descubrir caminando por el paseo marítimo y la ría, cuyo impresionante puente colgante desafía a los que padecen vértigo. Reserva tiempo para pasear por el casco viejo y admirar villas indianas y/o de arquitectura tradicional como la Casa de las Arenas, la Casa de Coaña, y la Casa de la Marquesa de Santa Cruz. El Museo Histórico de Navia cuenta con una interesante colección que ilustra la historia y la vida cultural de la región, con una exposición dedicada a la emigración asturiana y, después de verlo todo, no dejes de pasear por el Parque de Campoamor, la principal zona verde de Navia.
Luarca (a 15 kilómetros)
Es una de las villas asturianas marineras más pintorescas y turísticas; vale la pena hacer una excursión de, al menos, dos días, para conocerla. Su puerto te robará el corazón, rodeado de barcas de pesca de colores y casas blancas, con su ambiente marinero y sus restaurantes de marisco fresco. E igualmente, su faro, un lugar perfecto para admirar la puesta de sol. Los jardines de la Fonte Baixa son un verdadero oasis junto al mar, con preciosas especies exóticas, mientras que, si buscas unos minutos de paz y tranquilidad, dirígete a uno de los edificios más antiguos de Luarca, la iglesia de Santa Eulalia.

El pintoresco puerto de Luarca.
Oneta (a 22 kilómetros)
Después de pasar por una revirada carretera hacia el sur de la provincia, llegarás a Oneta, cuyos alrededores son muy conocidos por la Ruta de las Cascadas, una de las más hermosas de toda Asturias. El recorrido es de unos 3 kilómetros (ida y vuelta), tardarás en hacerlo entre 60 y 90 minutos y su dificultad es baja -por eso te encontrarás con muchas familias con niños-. Tras 15 minutos de caminata, llegas a la cascada de Firbia, la más espectacular y famosa de las tres, con 15 metros de altura (en verano te puedes refrescar en la poza). A la segunda cascada se llega 10 minutos después y se llama La Ulloa, algo más pequeña que la anterior. A la tercera cascada, Maseirúa, se accede por un camino algo más complicado y peor señalizado, pero como no todo el mundo llega, estarás mucho más tranquila al contemplarla.

La Ruta de las Cascadas en Oneta.
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Reflexiones Finales sobre los Faros
Al margen de la indudable utilidad de los faros como medios auxiliares para la navegación, estos han constituido desde su progresiva adopción una singular edificación sobremanera admirada y utilizada, en el siempre atractivo marco de su entorno litoral, como objeto de creaciones artísticas y literarias.
Por su situación y cometido los faros han llegado a representar algo así como una especie de eslabón que enlaza los pensamientos del morador terrestre con las connotaciones y significados que muestra el mar en sus variables “estados de ánimo”, desde la calma total a la más virulenta tempestad.
Respecto de su ubicación, hubo y hay faros de especial relevancia, como el nuestro Finisterre -o Fisterra, como ahora es nombrado- que suele ser visitado por un considerable número de peregrinos que optan por “rizar el rizo”, ampliando la meta compostelana.
Aceptada la significación del faro y su entorno, y reconocido el detrimento de su importancia como señal marítima, toda vez que los buques disponen ahora de medios, cada vez mas perfectos, para determinar su situación, son muchos los lugares en los que se ha “reacondicionado” un determinado faro para otros usos, construyendo o adecuando instalaciones adosadas. Son varios los entornos litorales en los que, contiguo a un faro, se han montado centros de interpretación. A tal fin existe uno en Cabo Peñas, cerca de Gijón, en el punto más septentrional de Asturias, cuyo faro funciona desde 1852.
La mágica atracción de los faros, ha sugerido servirse de su continente y entorno, para celebrar reuniones culturales y recitales poéticos. En esta línea, no quiero dejar de mencionar el faro de Cabo Mayor, situado muy próximo a la ciudad de Santander, que sirve actualmente como Centro de Arte y representa además una importante contribución a la conservación del patrimonio arquitectónico de Santander.