Las fracturas de odontoides en la población anciana no son infrecuentes y suelen darse debido a las caídas desde su propia altura. El hecho de disponer de pruebas de imágenes hace que este tipo de fracturas sea más diagnosticado. La elección de la aproximación terapéutica de tratamiento quirúrgico o no, es de suma importancia por la inestabilidad del axis y por la alta morbimortalidad asociada.
Fractura de apófisis odontoides
Clasificación de las Fracturas de Odontoides
Según la clasificación de Anderson y D'Alonso, se pueden encontrar 3 tipos de fracturas:
- Tipo I: Fractura oblicua apical en el extremo superior de la apófisis odontoides.
- Tipo II: Fractura en la base del diente, en la unión con el cuerpo del axis.
- Tipo III: Fractura extendida en el cuerpo del axis, con posible compromiso de la articulación atlantoaxial.
La fractura más frecuente en los ancianos es el tipo II (65-74% de los casos) debido a los cambios degenerativos por la senectud en el segmento C4-C7, aumentando su rigidez, siendo la unión C1-C2 la parte más móvil y con mayor fragilidad. Los cambios degenerativos conllevan a la fijación de la odontoides al arco anterior del atlas, mientras que la articulación lateral atlantoaxial está menos afectada por la osteoartritis.

Clasificación de Anderson y D'Alonso de las fracturas de odontoides.
Causas de la Fractura de Odontoides
La causa más común en los pacientes ancianos de este tipo de fractura suelen ser las caídas desde la propia altura, favorecido también por su densidad ósea comprometida.
Síntomas
Entre los síntomas se encuentra un dolor en la zona cervical que imposibilita la rotación pasiva y la flexoextensión de la columna cervical por el dolor, palpación dolorosa de línea media cervical y parestesias en las extremidades superiores.
Tratamiento
El hecho que este tipo de fracturas comporte inestabilidad en el axis, hace que la elección del tipo de tratamiento sea de suma importancia.
El tratamiento inmovilizador conservador mediante dispositivos externos tipo Halo-Vest es el de primera elección en las fracturas tipo I y III. En las fracturas tipo II, el tratamiento conservador puede complicar y alargar la hospitalización en los pacientes ancianos, reservándose en los casos cuando la intervención quirúrgica (IQ) esté contraindicada.
En este sentido, la clasificación de Grauer aporta objetividad en la elección del tratamiento:
- en el subtipo IIa (fractura no conminuta y < 1 mm de desplazamiento) debería optarse por un tratamiento conservador;
- en el subtipo IIb (fracturas desplazadas de anterosuperior a posteroinferior o fracturas transversas desplazadas): IQ con reducción de la fractura y posterior fijación;
- y en el subtipo IIc (fracturas desplazadas de anteroinferior a posterosuperior o conminuta): candidatas a estabilización atlantoaxial posterior.
La mortalidad en el tratamiento conservador parece mayor que en el quirúrgico (25-36% a los 3-12 meses vs. 11-21%).
Manejo Conservador
Se aplica la técnica de inmovilización tipo Halo-Vest durante un periodo de 10-12 semanas. En control radiológico posterior (TAC) se observa consolidación ósea, retirándose el Halo-Vest y prescribiéndose un collarín Philadelphia durante 2-3 semanas.