En todos los lugares del mundo existe una tradición para cuando nuestros niños pierden alguno de sus dientes de leche. Cuando empiezan a caerse los dientes de leche, aparecieron unas nuevas criaturitas: el Ratoncito Pérez y el Hada de los Dientes, que recogían nuestros dientes y nos daban a cambio dinero, chuches o incluso juguetes. Hoy vamos a sumergirnos en dos de los personajes más influyentes a la hora de dormir que se relacionan con el sueño: el Ratoncito Pérez y el Arenero, también conocido como Sandman.
EL RATÓN PÉREZ cuentos infantiles en español por COLETAS Y PACHETE
El Ratoncito Pérez: Un Ícono Español
En España, y en otros países de habla hispana, el personaje principal es el Ratoncito Pérez. Este personaje se creó bajo la pluma de Luis Coloma cuando se le requirió para que escribiera un cuento al, entonces todavía niño, rey Alfonso XIII. Aquella leyenda que parecía salir de los arcanos de nuestra memoria tomó forma, y no solo eso, ya que al rey le gustó tanto que el Ayuntamiento de Madrid le puso una placa con su nombre en la vivienda real donde el autor estableció su domicilio. Y allí sigue para que todos los niños puedan visitar su museo.

Placa conmemorativa del Ratoncito Pérez en Madrid.
El cuento fue creado en Madrid en 1894 por Luis Coloma, consejero real, con el fin de que el pequeño Alfonso XIII tuviera una forma divertida de celebrar cada diente que se le caía. Los protagonistas del cuento eran un rey niño llamado Buby (así llamaba cariñosamente la reina a su hijo) y un ratón de apellido Pérez, que vivía con su familia en una gran caja de galletas en los sótanos de la confitería de Carlos Prats, famosa por entonces, en la calle Arenal 8, de Madrid. Al perder su primer diente de leche el rey Buby lo dejó debajo de la almohada, siguiendo el consejo de su madre, para que lo recogiera el Ratoncito Pérez. Esperó despierto tanto como pudo, con la ilusión de conocer al menudo personaje, pero al pasar las horas el sueño le venció y se escurrió entre las sábanas apoyando la cabeza sobre la almohada que escondía su tesoro. De pronto se despertó por un roce suave en la mejilla. Era la cola de un pequeño ratoncito que llevaba un sombrero de paja, gafas de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja: el Ratoncito Pérez.
El niño le pidió que le permitiera ser su compañero de recorrido y el ratón accedió. Tocó con su cola al pequeño y lo transformó así en ratón por un rato, para que lo pudiera acompañar. Durante el viaje que hicieron juntos Buby descubrió que fuera de palacio había un mundo totalmente diferente al que él estaba acostumbrado a disfrutar. Conoció a muchos niños pobres y aprendió valores como la valentía y la generosidad. El Padre Coloma quiso sembrar así en el pequeño Alfonso la idea de que todos los hombres somos hermanos, tanto ricos como pobres.
Este cuento forma parte del patrimonio cultural español, el manuscrito original se guarda hoy en una cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio en Madrid. Desde el 5 de enero de 2003, en la calle Arenal número 8 de Madrid, por supuesto, hay una placa conmemorativa que dice: “Aquí vivía en una caja de galletas, Ratón Pérez, según el cuento que el padre Coloma escribió para el niño Rey Alfonso XIII”.
Variaciones del Ratoncito Pérez en Otros Países
El Ratoncito también está presente en otros países de Europa. En Francia, por ejemplo, es el Petite Souris y en Italia se le conoce como Topolino o Topino. En Francia, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Argelia o Marruecos también existe un ratoncito que pasa a buscar nuestros dientes de leche. Este se llama simplemente la petite souris (ratoncito). En Italia existen ambas figuras. En el sur prefieren a topolino (ratoncito) y en el norte son más de la fatina dei denti (la pequeña hada de los dientes).

La Petite Souris.
El Hada de los Dientes: Una Tradición Anglosajona
En los países de habla inglesa (Inglaterra, EEUU, Australia) el papel de recoger los dientes perdidos se encargó al "Hada de los dientes" (Tooth Fairy). Estados Unidos, Australia, Reino Unido o Alemania son los que siguen venerando al Hada de los Dientes aunque el proceso siempre es el mismo: el niño guarda su diente debajo de la almohada y al día siguiente se encuentra con una sorpresa. En los países anglosajones cambian al ratoncito por un hada llamada Tooth Fairy (el hada de los dientes), pero el ritual sigue siendo el mismo. El niño debe colocar el diente de leche debajo de la almohada para que el hada de los dientes lo reemplace por una moneda.

Hada de los dientes.
En países como Canadá, donde conviven dos ámbitos culturales diferentes, se mantienen tanto la tradición del ratoncito (por el origen francófono) como la del Hada de los dientes (de origen anglófono).
Tradiciones Únicas Alrededor del Mundo
Pero los dientes de leche caídos de los niños dan mucho más de sí. Así nos encontramos que en Bulgaria, por ejemplo, son las abuelas las que se deben ocupar de esta tarea. En otras culturas los rituales se tornan más serios, o divertidos, según se mire. En países asiáticos como India, Japón, Corea o Vietnam, es costumbre lanzar el diente hacia el techo, si ha caído de la mandíbula inferior o al suelo si viene de la mandíbula superior, mientras el niño pide que le salgan dientes como un ratón. Esto significa desear que no le dejen de crecer durante toda la vida como a los roedores.

Niños lanzando dientes al techo.
- Bulgaria: Las abuelas se encargan de los dientes caídos.
- Asia (India, Japón, Corea, Vietnam): Se lanzan los dientes al techo o al suelo.
- Turquía: Los niños suelen enterrar los dientes de leche, sin embargo, no vale en cualquier sitio, ya que se cree que el lugar elegido podría determinar el futuro del niño.
- China y gran parte de Asia: Si se cae un diente inferior, el niño debe lanzarlo al tejado o al cielo. Si es un diente superior, se entierra o se pone debajo de la cama.
- Sudáfrica: En lugar de dejar los dientes de leche bajo la almohada, los colocan dentro de las zapatillas.
Orígenes Históricos de las Tradiciones
Se cree que esta relación que pueda mantener un ratón con los dientes de los niños proviene de un cuento francés del siglo XVIII escrito por la baronesa D’Aulnoy, “La Bonne Petit Souris”, en el que habla de un hada que se convierte en ratón para derrotar a un malvado rey. Cuando se esconde debajo de su almohada se le caen todos los dientes.
La tradición de intercambiar dinero por los dientes de leche caídos tiene posiblemente su origen en una antigua superstición vikinga, que suponía que poseer una parte del cuerpo de un niño aportaba poder y suerte en las batallas. Según algunos historiadores, durante la edad media a los niños se les hacía tirar sus dientes caídos al fuego, para evitar con ello tener que volver a buscarlos después de la muerte. También se ha recogido la tradición de enterrar los dientes de leche para evitar que las brujas los encuentren, ya que si ellas se apoderaban de uno y lo tiraban al fuego, obtendrían poder sobre el alma de su dueño.