En el Japón feudal, una práctica de belleza única floreció entre la nobleza y la clase guerrera samurái: el ohaguro, o el arte de teñir los dientes de negro. Esta costumbre, que se extendió por varios siglos, reflejaba no solo la estética de la época sino también valores culturales profundos como la lealtad y la madurez. Te contamos todo lo que debes saber sobre los dientes negros en Japón, su historia, procedencia, y cómo se vive en la actualidad, incluso en aquellas personas que todavía la siguen practicando.

Mujer con Ohaguro
¿Qué es el Ohaguro?
Se conoce como ohaguro la técnica de pintarse los dientes de color negro que se hacía antiguamente en Japón. La palabra ‘ohaguro’ se compone de varios kanjis. Por un lado está la preposición honorífica ‘o’ que se utiliza en Japón para enfatizar un concepto. También encontramos la mezcla de ‘ha’ que significa ‘diente’ y ‘kuro’ que es la palabra para el color ‘negro’.
¿Y por qué el color negro y no cualquier otro? Pues precisamente el negro era el color asociado a las clases más altas de la sociedad japonesa. Pintarse los dientes negros comenzó como una costumbre estética entre las personas más poderosas de la época. En esta época estaban muy de moda los lacados de color negro para la madera. Cuanto más puro era el color del lacado, más valioso era el objeto decorado con este. Poco a poco, el teñido de los dientes se fue popularizando, y se utilizaba también en hombres aristócratas. En cambio, los marginados y los más pobres tenían completamente prohibido teñirse los dientes.
La costumbre de pintarse los dientes negros se extendió en un principio ente las mujeres japonesas casadas de la aristocracia, y también entre los guerreros samuráis. Muchas cortesanas y prostitutas hacían lo propio para convertirse en mujeres más deseadas.
Orígenes e Historia
La tradición de pintarse los dientes de negro ha existido durante muchos siglos en Japón. A día de hoy no se sabe exactamente en qué momento empezaron a pintarse los dientes negros. Hay muchas teorías sobre ello. No obstante, el ohaguro ya se hacía anteriormente a esta fecha, entre los siglos IX y XI, cuando las mujeres más importantes de la aristocracia se teñían los dientes. En los chicos se extendió igualmente, pero más concretamente entre los aprendices de guerreros.
Los más mayores lo hacía como acto de fidelidad a los señores a los que servían, reflejando la decisión de no volver a servir a otro señor por el resto de su vida. Durante el periodo Sengoku, que era cuando se popularizó más los dientes negros entre los señores más importantes, los samuráis que cortaban las cabezas de sus enemigos pintaban sus dientes de color negro para hacer creer que habían acabado con un señor importante.

Preparación del Ohaguro
Lo que comenzó en un principio como un rito de madurez entre las chicas adolescentes de la nobleza del periodo Heian, fue imitado después por mujeres de todas las clases sociales. Tiempo después, casi todos los nobles que alcanzaban la mayoría de edad se teñían los dientes, así como los samuráis que pasaban su periodo de iniciación. Incluso llegó a hacerlo la Familia Imperial hasta el final del periodo Edo.
Las primeras referencias escritas aparecen en el 'Genji Monogatari', que data del siglo XI, y en 'La princesa que amaba los insectos' del siglo XII. En el último se habla de la protagonista y de su repugnante aspecto al tener las cejas sin depilar por completo como 'orugas peludas' y los dientes sin teñir como 'orugas de piel'.
También llegó a considerarse aceptable entre las geishas, aunque nunca entre los marginados o los más pobres. Durante el periodo Muromachi, en la celebración de los matrimonios había una figura específica que se encargaba de ennegrecer los dientes de la novia.
Lo cierto es que la práctica fue cayendo en el desuso con el paso de los siglos debido al fuerte olor que producía y lo complicado de su preparación, hasta el punto de que solo lo usaban las mujeres que iban a casarse, las prostitutas o las geishas. En 1870 el gobierno prohibió la práctica en hombres y cuando tres años después apareció la emperatriz Shōken en público con los dientes blancos, muchas mujeres fueron abandonándola. La posterior occidentalización del país llevó a que el ohaguro quedara exclusivamente para el teatro kabuki o las maiko.
Ohaguro: La Fascinante Tradición Japonesa de los Dientes Negros
El Proceso y los Materiales
El ohaguro era realizado mediante una solución de limaduras de hierro y vinagre, que al combinarse con taninos vegetales, producía un tinte negro que se aplicaba sobre los dientes. Pero la costumbre del ‘black teeth’ no era meramente estética. Los tintes se consideraban como un sellador del esmalte dental que prevenía su deterioro. Mucha gente consideraba también que con la aplicación se calmaba automáticamente cualquier dolor o molestia dental que tuviera anteriormente.
El principal tinte usado para pintar los dientes negros consistía en una mezcla de limaduras de hierro y vinagre. En su forma más pura, el hierro es un metal antibacteriano, y por supuesto, un excelente sellador del esmalte. La mezcla de acetato de hierro se llamaba kanemizu, que significa ‘agua negra’. Además se podían añadir taninos vegetales naturales como el polvo de agallas (una especie de insecto), o té negro triturado.
Para la tinción de los dientes había utensilios concretos. También estaba el pincel de plumas para aplicarlo, el haguro-tsugi, la cajita con los polvos de agallas llamada fushi-bako, y un pequeño bol de porcelana para hacer gárgaras al terminar, el ugai-chawan. Antes de aplicar la pintura para dientes negra se frotaba el esmalte con la cáscara de una granada.

Utensilios utilizados para el Ohaguro
Se usaban diversos recipientes y herramientas: el mimidarai (un cuenco con asas) sobre el que se colocaba la watashigane (una bandeja en la que se ponían los elementos en los que se aplicaba el tinte). Los elementos pequeños (la cajita con polvo, el 'haguro-tsugi' con el que se administraba el tinte o incluso un pequeño cuenco para realizar gárgaras después) se guardaban en un estuche más grande (haguro-bako).
Los dientes se frotaban cuidadosamente con la cáscara de una granada, y debía aplicarse como mucho dos días después desde que se había hecho por primera vez, pues así se conseguía o mantenía el negro lacado deseado. De lo contrario se perdía ese brillo y acababa con una tonalidad grisácea que no gustaba.
Sin embargo, al comer y en el día a día, el tinte se quita y acaba por desaparecer con el tiempo. Para que los dientes siempre mantuviesen en color negro intenso había que repetir como mucho cada dos días.
El Ohaguro en la Actualidad
El ohaguro es reversible, ya que el color negro no es natural en los dientes. A día de hoy, hay muy poca gente que luzca los dientes negros en Japón. Hay mujeres mayores que ya tienen el ohaguro permanente y lo mantienen por tradición, pero por supuesto, ya ni las princesas japonesas ni otras mujeres jóvenes lo realizan. Recientemente también se ha utilizado la técnica del tintado de dientes en las representaciones de teatro Kabuki. Para que se mantuviera durante toda la función, añadían también cera, tinte negro de humo y miel de arroz.
En febrero de 1870, el Gobierno Japonés prohibió la práctica del ohaguro, y poco a poco se volvió obsoleta. Aunque en la actualidad ya no se practica, aún se pueden ver sonrisas negras en obras de teatro, películas, novelas e incluso en fiestas tradicionales.
Más allá de Japón
El ohaguro no era exclusivo de Japón; prácticas similares se encontraban en el sudeste de China y el sudeste asiático, aunque con variaciones en las recetas. En Vietnam, por ejemplo, el teñido de dientes era una señal de madurez y disponibilidad para el matrimonio. En Tailandia, los dientes teñidos eran comparados con el ébano en los poemas de amor, y en la India, algunas prácticas del hinduismo utilizaban el misi para ennegrecer las encías y los dientes.
Y, como decíamos al principio, en otras zonas de Asia la práctica también fue muy extendida. En Tailandia, por ejemplo, cuando en el siglo XIX el rey Mongkut perdió su dentadura la sustituyó por una artificial tallada en madera de color rojo oscuro.
En India, la famosísima reina Rani Padmini fue protagonista (o quizá sus dientes) de unos versos del épico poema 'Padmavat' de Malik Muhammad Jayasi: "Con misi oscurecidos sus blancos dientes / como diamantes en un pedestal centellean".