Análisis Forense de los Dientes de Hitler: Revelaciones y Desmentidos

La ciencia forense, en su constante avance, ha encontrado en la dentadura una fuente inagotable de información, capaz de confirmar o refutar la identidad y las características de un individuo. A través de análisis detallados de las piezas dentales, se pueden asentar o desmentir leyendas históricas.

Un reciente estudio realizado por un especialista forense francés ha confirmado que Adolf Hitler era, como se sospechaba, vegetariano. Al parecer, esta dieta fue impuesta por las secuelas que le dejó el envenenamiento por gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial, cuando era un simple soldado del ejército alemán. Este hallazgo se desprende del análisis exhaustivo de la dentadura hallada en el búnker donde el dictador nazi se suicidó.

Una vez más, los dientes han contribuido a desvelar un misterio histórico, pues muchos dudaban de la veracidad del suicidio de Hitler por falta de pruebas concluyentes.

El estudio determina que en los dientes no se han encontrado restos musculares, lo que demuestra que Hitler excluyó la ingesta de todo tipo de carnes en su dieta. Tampoco era especialmente cuidadoso con su higiene dental, como evidencian las acumulaciones de calcio y fósforo halladas en la superficie de los dientes. De hecho, solo tenía cuatro dientes sanos, completando su dentadura con una serie de prótesis, reconstrucciones y puentes, lo que indica que tenía «enormes dificultades y molestias para comer», según explica Philippe Charlier, del hospital Max Fourestier de Nanterre, quien tuvo acceso a los restos históricos del tirano.

Se cree que esos continuos trastornos intestinales, en forma de indigestiones y flatulencias (se han hallado restos de fármacos gástricos en la dentadura), contribuyeron a que Hitler se hiciera vegetariano a la fuerza. El führer creía que comer carne era «perjudicial para la humanidad», según su ministro de propaganda, Joseph Goebbels.

Adolf Hitler en 1937. Fuente: Wikimedia Commons

La Controversia en Torno a la Muerte de Hitler

Sobre la muerte de Hitler han corrido ríos de tinta. La cantidad de historias sobre qué pasó con el Führer después de abril de 1945 es comparable con la de teorías sobre el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón. Circulan muchas teorías, muy diversas.

Aquí hay una pequeña lista de algunas teorías sobre la suerte que corrió Hitler:

  • Tras escapar del búnker, Hitler se subió a un submarino alemán y acabó en un rancho de América del Sur.
  • Hitler se refugió en la Tierra de la Reina Maud, en la Antártida.

Sin embargo, la polémica en torno a la muerte de Hitler es más una cuestión de color que de fondo. La mayoría de los historiadores coinciden en que Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945 en su búnker de Berlín, con ayuda de cianuro y un balazo en la cabeza. Su análisis corroboró que los dientes que se preservan eran de Adolf Hitler, algo que se constató con ayuda del historial dental del líder nazi, y reveló que las piezas muestran manchas azules que concuerdan con la versión de que tomó cianuro. En los fragmentos de cráneo atribuidos al Führer se aprecia además un agujero en un lateral.

Si algo ha demostrado la historia es que no hace falta mucho para que las teorías conspiranoicas o disparatadas surjan en torno a ciertos personajes. En el caso de Hitler, se suman varios factores que explican la profusión de relatos en torno a sus últimos días. El líder de la Unión Soviética, Iósif Stalin, entendió esto rápidamente, y sembrar dudas sobre la suerte del dirigente nazi debilitaba a sus oponentes en plena Guerra Fría.

Otra clave es cómo el propio régimen nazi quiso gestionar el relato del fallecimiento. Que el Führer se hubiese quitado la vida con veneno y una pistola no resultaba épico, así que el 1 de mayo de 1945 la radio de Hamburgo dio la noticia de su muerte con una versión mucho más acorde con las gestas bélicas.

El búnker de Hitler en Berlín. Fuente: National Geographic

¿Muerto en 1945 o 1956?

Ambos años, en realidad, aunque de formas muy diferentes. La versión oficial no deja lugar a dudas: Adolf Hitler se quitó la vida en su búnker el 30 de abril de 1945. Sin embargo, para al menos una parte de la administración alemana, ese deceso tardó bastante en hacerse oficial.

Del trámite se encargó el Tribunal de Primera Instancia de la ciudad de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros, un lugar frecuentado por Hitler. "Se certifica que Adolf Hitler, nacido el 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, ha fallecido. Se certifica que la hora de su muerte fue el 30 de abril de 1945, 15.30 h", podía leerse en el documento junto al lugar y la fecha (Berchtesgaden, 25 de octubre de 1956) de la firma.

El episodio quizás no resulte tan popular como las teorías de su fallecimiento o el relato de lo ocurrido el 30 de abril de 1945, pero el proceso que certificó la muerte de Hitler en 1956 generó una expectación notable en su época.

Las intrigas que rodearon la muerte de Adolf Hitler y el hallazgo de sus restos

El Proceso Legal para Certificar la Muerte de Hitler

Si la inmensa mayoría de la población y los historiadores daban a Hitler por muerto desde 1945, ¿por qué tardó más de 11 años el tribunal de distrito de Berchtesgaden en declarar el deceso? Para dar por muerto y enterrado (administrativamente hablando) al Führer fue necesaria una larga y minuciosa investigación durante la que se interrogó a 42 testigos.

Entre los testigos figuraban el ayudante personal de Hitler, Otto Günsche, y su ayuda de cámara, Heinz Linge, quienes se encontraron con los cuerpos sin vida del líder nazi y Eva Braun en el búnker. El problema es que ambos, tanto Linge como Günsche, estuvieron tiempo bajo custodia soviética.

El Motivo Detrás de la Demora

El certificado colgado por el tribunal de Berchtesgaden sirvió para poner un punto y final a aquellas teorías. Pero, ¿por qué no se inició el proceso hasta 1952 si Hitler se había suicidado siete años antes? ¿Y por qué el trámite recayó en Berchtesgaden y no en Berlín? Las respuestas son en este caso mucho más prosaicas: dinero.

El objetivo de la justicia bávara no era tanto acabar con la leyenda ni las teorías conspiranoicas sobre el destino de Hitler, como sí zanjar los cabos que quedaban sueltos en torno a su herencia. ¿Qué hacer con las propiedades de Hitler? ¿Y con los derechos de Mein Kampf, el manifiesto que había publicado en 1925? Die Presse recuerda que se habían transferido al Estado de Baviera en 1948, pero el hecho de que aún no existiera un certificado oficial que acreditase el deceso del dictador los dejaba en un limbo incómodo, expuesto a disputas.

La necesidad de declarar al líder nazi difunto se planteó en Berlín y Viena, que también mostraron interés en el proceso; pero acabó recayendo en Berchtesgaden, donde se encontraba Berghof, la residencia de descanso de Hitler.

El Testimonio de los Testigos Clave

"Hitler estaba sentado en un sillón. La cabeza colgaba sobre el hombro derecho, que también colgaba sobre el respaldo, y la mano colgaba inerte. Del lado derecho había un agujero de bala", relató Günsche durante su entrevista. A su lado estaba el cadáver de Braun.

Restos de la mandíbula de Hitler. Fuente: National Geographic

El Papel de Yelena Rzhevskaya y los Dientes de Hitler

La intérprete del Ejército Rojo, Yelena Rzhevskaya, recibió una caja con los dientes de Hitler el 8 de mayo de 1945. Este contenido ha revelado ahora la verdad sobre lo que pasó con el líder nazi, e incluso sobre su dieta libre de carne.

Tres días antes, un soldado soviético había encontrado el cadáver de Hitler junto al de su mujer, Eva Braun, en el jardín de la Cancillería. Ambos cuerpos habían sido rociados con gasolina y quemados, siguiendo las órdenes de Hitler. Su cuerpo estaba irreconocible, pero la mandíbula había quedado casi intacta.

La ayudante del dentista de Hitler fue llamada para examinar esos restos en una improvisada morgue en Buch, un suburbio de Berlín. Allí estaban todas las radiografías que hoy han servido para contrastar la versión oficial con la realidad médica.

Para asegurarse, los rusos interrogaron varias veces a Heusermann, que fue obligada a recitar de memoria los dientes del dictador, cosa que hizo con un acierto del 100%. Fue entonces cuando Rzhevskaya, judía nacida en la actual Bielorrusia, abrió delante de los ojos de la alemana su caja de joyería barata para observar su reacción: -¡Esos son los dientes de Adolf Hitler!

La dentadura de Hitler estaba en manos de Rzhevskaya simplemente porque sus jefes pensaron que, siendo una mujer, era menos probable que se emborrachase y los perdiera. Cumplió, y esas maltratadas piezas dentales han pasado todos estos años en Moscú, en el archivo del cuartel de Lubyanka, entonces sede de la KGB y hoy edificio del FSB, el principal servicio de seguridad ruso.

El Análisis Forense Moderno

En 2017 se permitió a especialistas extranjeros acceder a esta importante reliquia. Un equipo francés liderado por Philippe Charlier, del hospital Max Fourestier de Nanterre, pudo examinar tanto la dentadura como el cráneo, guardado en otro archivo. Los resultados son concluyentes y entierran todas las teorías conspirativas según las cuales Hitler escapó a Latinoamérica. La mandíbula es suya. El Führer murió en aquel búnker, rodeado de sus leales e impotente ante el avance de las tropas soviéticas.

Sus dientes cuentan muchas más cosas. Confirman que el creador de los hornos crematorios para liquidar a los judíos era vegetariano.

Gracias a los datos del dentista de Hitler se conoce cómo era su dentadura en vida, sus prótesis, reconstrucciones y puentes. «Tenía sólo cuatro dientes sanos. El resto o no estaban o iban asociados con prótesis dentales o reconstrucciones», cuenta.

El primer vistazo a esos dientes certifica que Hitler llevaba en la boca «gran cantidad de metal» y tenía «enormes dificultades y molestias para comer». Accedieron al cálculo dental, la acumulación de sales de calcio y fósforo en la superficie de los dientes. Vieron fragmentos de lo que comía y los fármacos que tomaba para sus problemas gástricos.

En la mandíbula hay un puente de nueve dientes, así como coronas colocadas en los últimos años de su existencia. Todo este «caos de metal» coincide con lo que apuntan las radiografías que se hizo en vida.

En cuanto a los fragmentos del cráneo, hay alguna duda más: «No podemos descartar que sean de otra persona pero podemos decir que es compatible. No obstante, sería necesaria una muestra de ADN, para la cual hemos pedido permiso, igual que para los dientes».

El agujero tiene 6 milímetros de diámetro en la parte interior del cráneo y apunta a una trayectoria hacia fuera de una bala. Según el informe, se trata de «un agujero de salida» en la zona parietal izquierda.

El examen confirma que tomó veneno. «En los dientes hemos encontrado fragmentos de deposiciones azules, que pueden ser cianuro, a juzgar por su interacción con el metal».

Según la intérprete que acompañó a los dos mandos soviéticos por Berlín, la investigación estableció muy pronto que Hitler tomó cianuro tras probarlo con su perra Blondi, pero que temía que no fuese efectivo y por eso el 30 de abril de 1945 se disparó con su pistola Walther semiautomática.

Yelena Rzhevskaya con la caja de los dientes de Hitler. Fuente: La Vanguardia

El Mito del Hitler Vegetariano

Descartada la fuga, queda en pie otra leyenda añeja: la del Hitler vegetariano, y ésta sí que es cierta según los análisis forenses, aunque algunos historiadores habían cuestionado que realmente llevara a rajatabla su dieta verde.

Sobre el Führer llegó a circular la chocante tesis de que no comía carne por amor a los animales, pues para él un asado significaba «la muerte de una criatura viva». Es más probable que se debiera a su delicado estómago, que le amargaba las tardes con indigestiones y flatulencias, según el historiador del vegetarianismo Colin Spencer. Sus médicos le habían ordenado evitar la carne y las grasas animales.

Varias aseveraciones de Hitler ligan sus hábitos en la mesa a sus creencias visionarias. «El mundo del futuro será vegetariano», dijo en 1941. De haber seguido en el poder, el líder nazi, consciente de que durante la guerra «no se puede alterar por completo» el sistema alimentario, tenía planes de «abordar» la «cuestión vegetariana» cuando dominase el mundo, según los diarios de Joseph Goebbels, que anotó: «Él cree que comer carne es perjudicial para la humanidad».

El Final en el Búnker

El suicidio les permitirá escapar de las vejaciones a las que seguro les someterían los rusos. No quieren acabar como Mussolini y su amante Clara Petacci apenas un par de días antes. Y, de paso, revestir de honor, dignidad y valentía la figura del líder nazi.

Cada uno se toma una cápsula de cianuro. Él además se dispara en la cabeza. La relatada es, a grandes rasgos, la versión oficial de lo que sucedió hace 75 años. El relato se sustenta en lo que contó en su momento el investigador británico Hugh Trevor-Roper y que muchos historiadores han dado por bueno.

Las Dudas Persisten

Incluso el que podía parecer de antemano más rotundo: el de los restos de Hitler. Nos han contado que, siguiendo el plan marcado, los cuerpos del Führer y su amada fueron trasladados al exterior por miembros de las SS y rociados con gasolina para su incineración, pero que el proceso no pudo completarse, por lo que los enterraron solo parcialmente quemados. Que militares rusos los encontraron, igual que los de la familia Goebbels, el 5 de mayo, y los trasladaron a Magdeburgo, a orillas del Elba, donde permanecieron enterrados hasta que el premier ruso Yuri Andropov ordenó retirarlos y destruirlos. Que solo conservaron fragmentos de cráneo y mandíbula. Que muerto Stalin, quien durante años había sostenido que Hitler había huido, los soviéticos cambiaron su versión y dieron por buena la del suicidio. Y que esos restos eran la prueba.

Pero todo cambió en 2009. Sucedió algo que dio un giro inesperado a la historia. Un equipo de investigadores de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos) accedió al cráneo que se custodiaba en Moscú y realizó una prueba de ADN. El resultado demostró que la única prueba de la muerte de Hitler no era tal; era falsa. Ese cráneo no pertenecía al líder nazi.

Otro episodio amenazó con dar otro vuelco a la historia en 2018, cuando se permitió a un grupo de patólogos franceses examinar los restos dentales. La conclusión fue que, en este caso sí, pertenecían a Adolf Hitler. Aunque con un matiz importante cuyas consecuencias parece que no fueron tenidas en cuenta o se ignoraron: la afirmación se sustenta en la descripción realizada por el dentista de Hitler.

La dentadura que se atribuye a Hitler fue encontrada junto a su supuesto cadáver, que había quedado irreconocible al ser quemado. Insisto: no en su boca, en su lugar natural, sino fuera, junto al cuerpo. Se sabe que fue así por el testimonio del general ruso B.S. Telcujovski, uno de los que descubrieron el supuesto cadáver: “Estaba muy requemado, pero tenía la cabeza entera, aparte de los destrozos causados por una bala. Se le habían salido los dientes y los tenía puestos junto a la cabeza”.

Las Rutas de Escape Nazi

Independientemente de lo que sucediese en realidad, lo que sí está demostrado es que la fuga fue técnicamente posible hasta al menos el 28 de abril, bien por aire o a través de un túnel secreto recientemente descubierto que conectaba el búnker con el aeropuerto a través del corredor del metro.

Los nazis habilitaron diferentes rutas de escape para evitar ser capturados por los Aliados tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Las organizaron con tiempo. También las redes que las hicieron funcionar. Empezaron ya en 1944, el año anterior al final del conflicto bélico.

Ahí estaba la ruta de los Conventos o de las Ratas, a través de la línea Roma-Convento de San Girolano-Nápoles o Génova-Buenos Aires, empleada, entre otros, por Adolf Eichmann y Ante Pavelic. O la ruta de la Araña, que tenía en España su tramo más importante dentro de la línea San Sebastián-Bilbao-Madrid-Tánger-Buenos Aires.

Los nazis buscaron tras la Segunda Guerra Mundial países neutrales, con gobiernos ‘amigos’ para esas huidas. La mayoría tuvieron como destino final el continente americano, sobre todo la Argentina de Perón. España jugó un papel fundamental en todo ese entramado, bien como zona de tránsito seguro o como destino final.

Teorías Conspirativas y la Muerte de Hitler

No hay nada más sencillo, fecundo e irreversible que prender la mecha de las teorías conspiranoicas. Lo demuestra a las mil maravillas la que tal vez, y con permiso del paseo lunar de Neil Armstrong, sea la madre de todas ellas: la muerte de Adolf Hitler.

En 2018 el forense Philippe Charlier publicó en European Journal of Internal Medicine un estudio que despertó casi tanto interés entre los historiadores y conspiranoicos como entre sus propios colegas patólogos. La razón: corroboraba que Adolf Hitler murió en 1945.

Su estudio concluye, primero, que los dientes son reales porque pudieron identificarse gracias al complicado historial dental de Hitler. Segundo, los restos muestran manchas azules que indican que su dueño pudo ingerir cianuro para acabar con su vida. Los investigadores no encontraron restos de pólvora, pero sí analizaron un fragmento de cráneo atribuido al Führer con un agujero en el lado izquierdo, probablemente abierto por una bala.

Como recuerda la BBC, la historia nos dice que el cadáver de Hitler se quemó y acabó en una zanja del jardín de la Cancillería abierta por una bomba. Allí encontraron su cadáver los agentes de la contravigilancia soviética poco después, el 5 de mayo. El estado del Führer era tal por entonces que, para identificarlo con claridad, decidieron echar mano de su mandíbula. Durante el proceso contaron con la ayuda Käthe Heusermann, quien había ejercido como asistenta del dentista de Hitler.

El Bulo Alentado por Stalin

Queda herida de muerte la historia de la fuga latinoamericana de Hitler, un rumor que al parecer propagó el propio Stalin, pues quería perjudicar a EEUU sugiriendo que el Führer vivía oculto con su ayuda. El líder soviético engañó incluso a su mariscal Georgi Zhukov, y el obediente diario Pravda dijo que las noticias del hallazgo del cuerpo eran una treta fascista.

Cuando unos mandos británicos intentaron visitar el búnker en 1946, lo hallaron tomado por el servicio secreto soviético. Un suboficial ruso les dijo que Hitler estaba vivo en Argentina. Y ahí echó a rodar el bulo, hasta que ahora un médico francés lo ha frenado en seco.

La ciencia ha hablado: Hitler se suicidó en Berlín el 30 de abril de 1945. Eso es el hecho histórico.

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