Los Dientes del Diablo: Un Choque Cultural en el Ártico

La representación de los inuit en el cine ha sido relativamente escasa, pero con algunas excepciones notables. Una de ellas es Los dientes del diablo (Nicholas Ray, 1960), protagonizada por un soberbio Anthony Quinn.

En esta película, Nicholas Ray aborda el choque cultural entre los inuit y los hombres blancos, destacando detalles de su vida cotidiana: los ritos de la caza, las gafas de sol (una invención inuit), el saludo con la nariz y los bailes sincopados. Esta representación contribuyó a popularizar la cultura inuit en Occidente.

Anthony Quinn en Los dientes del diablo

Sinopsis de Los Dientes del Diablo

Los dientes del diablo narra la historia de Inuk, un esquimal que entra en contacto con un hombre blanco con el objetivo de conseguir un rifle para facilitar la caza y alimentar a su familia. Sin embargo, esta decisión lo lleva a una situación trágica en la que mata accidentalmente a un misionero, lo que provoca que la policía lo persiga.

La película ofrece una visión casi documental de la forma de vida y las costumbres de un grupo de esquimales en los fríos parajes del Polo Norte.

Esquimales en el Ártico

Elenco y Producción

Nicholas Ray, conocido por dirigir a James Dean en Rebelde sin causa, dirigió Los dientes del diablo, adaptando una novela del escritor suizo Hans Ruesch, titulada en español El país de las sombras largas.

El reparto incluye a Anthony Quinn en el papel del esquimal Inuk, a Yoko Tani como su esposa y a Peter O'Toole como el hombre blanco.

Otras Representaciones de los Inuit en el Cine

Si bien el pueblo inuit tuvo el honor de protagonizar el primer documental del cine, en una película que hizo correr ríos de tinta entre filósofos y lingüistas, Nanuk, el esquimal (Robert J. Flaherty, 1922), su filmografía no es muy extensa, aunque ha aumentado en los últimos tiempos. Más recientemente, Isabel Coixet se inspira, en su película de 2015, Nadie quiere la noche, en la historia real de Josephine Peary, que fue a Groenlandia en busca de su marido, explorador de aquellos lugares. Su relación con la inuit Allaka es el centro de la película, muy fiel e inspiradora a la vez.

Otra película que reflejó la vida y los problemas de esta gente fue Smilla, misterio en la nieve (Bille August, 1997), una adaptación de la novela La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, del danés Peter Høeg, publicada originalmente en 1992.

Cartel de la película Nadie quiere la noche

Smilla (Julia Ormond) es una mezcla de drama personal con intriga internacional en la que se ve involucrada la protagonista casi sin darse cuenta. Ella es estadounidense por parte de padre (lo interpreta Robert Loggia, casi un guiño a Anthony Quinn) y su madre fue una inuit que se nos aparece en varias secuencias en el vídeo del padre. Ella vive en Copenhague, y echa de menos su tierra natal (nació en Thule, que es como llaman a Groenlandia) en unos pisos dados por el municipio a los inuits, y tiene unos vecinos con los que entabla gran amistad, sobre todo con el niño pequeño, Isaiah. Comparte la vida con él, huérfano de padre, debido a que la madre está constantemente alcoholizada. Un día, de manera súbita, el niño sube a la azotea y se tira al vacío. Las autoridades lo achacan a un accidente y archivan el caso, lo que es a todas luces imposible para Smilla, porque sabe que él padecía vértigo, y las pisadas en la nieve no se corresponden con las de un niño que hubiera estado jugando allí. Y es aquí donde comienza la intriga, que va a más.

La extraña muerte del niño nos abre las puertas, por un lado, a la personalidad de la protagonista de esta historia. Una mujer de fuerte carácter, que no se ríe (contra la idea generalizada de que los inuits están sonriendo siempre), de principios honrados y rectos, estudiosa y amante de las matemáticas, que piensa que son como los grandes espacios helados de la tierra, y hace comparaciones entre la vida humana y la aritmética. Por otro, conocemos a las personas que están a su alrededor y una gran empresa en la que se centra todo el problema.

Su vecino de abajo (interpretado por Gabriel Byrne) aparece después de la muerte del niño y sigue a Smilla constantemente, como una sombra, para buscar información sobre la misteriosa muerte del niño, y ambos entablan una relación extraña de amor/odio, sin que Smilla sepa realmente de qué lado está él hasta el final de la historia. Ella va avanzando en sus investigaciones, que la llevan a buscar en el entorno de un magnate danés (interpretado por Richard Harris), dueño de Greenland Mining y muy interesado en hacer investigaciones en el hielo de Thule. Smilla sospecha que tiene que ver con la muerte de Isaiah.

Mirando entre los papeles de la madre de Isaiah, Smila descubre una carta donde le avisan de que le han concedido la pensión, y, escrito a lápiz, encuentra un mensaje de la secretaria general, mujer por entonces del dueño de la empresa (personaje interpretado por Vanessa Redgrave, en un corto pero deslumbrante papel) que dice: «Lo siento mucho». Extrañada por este mensaje, la busca. Después de muchas pesquisas, da con ella y mantiene una conversación con ella en su casa.

Primero, el médico que participa en la autopsia (Jim Broadbent) pone a Smilla en la pista del médico director del instituto de medicina ártica que la ha terminado. Extrañada porque un personaje de tanto calibre se haya interesado en un niño de seis años, va a verlo. Ayudada por su padre, un rico exdoctor de origen estadounidense que ha hecho su fortuna poniendo inyecciones a famosos, Smilla consigue información acerca del médico. Como una espía internacional, se cuela en las oficinas de Greenland Mining y es llevada a la policía al día siguiente, donde, aparte de repasar su vida, la amenazan con ingresarla en un lugar cerrado y sin ventanas. Eso sería insoportable para Smilla, pero aun así continúa con la búsqueda de respuestas. Las encuentra al día siguiente, pero inesperadas: las recibe de su vecino y del desaparecido Isaiah.

El vecino será fundamental. La lleva a los muelles, y los dos descubren que la empresa está preparando un nuevo viaje al Ártico. Van a un restaurante, regentado por Peter Capaldi (antes de ser el Doctor Who), que les cuenta todo sobre el barco que ha contratado la Greenland Mining: el Cronos, un imponente rompehielos, para el que no se ha contratado ninguna tripulación, solo al capitán, que está allí.

Bille August, el encargado de hacer esta versión cinematográfica de La señorita Smila…, la orientó, como todas sus películas, a la defensa de las causas perdidas y a la reconstrucción de la historia danesa. Sin embargo, volcó esta obra en la intriga, más que en la historia intimista y peculiar de miss Smilla, tal como el escritor hace en su libro. No obstante, consiguió reflejar el ambiente real, gélido, de Copenhague y Groenlandia, y también de las personas que salen en la película: gente ávida de cosechar beneficios, por cualquier medio, aunque sea necesario matar a un hombre y a su hijo.

ANÁLISIS DE NANOOK EL ESQUIMAL

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