Los corchetes son signos que podemos encontrar tanto en el ámbito de las matemáticas como en el de la lingüística. En este último, no queda bien claro y definido su uso. Aunque se reconocen fácilmente ya que consiste en un signo auxiliar de la puntuación que consta de dos semirrectángulos enfrentados, se tiene poco conocimiento sobre su correcto uso.
Cuando nos referimos al conjunto de las dos figuras, se nombran en plural. La misma Academia en sus documentos de la GRAE y ORAE los denomina corchetes o llaves, confundiéndolos constantemente. En otras ocasiones los denomina paréntesis rectangulares.
Se usan para encerrar parte del texto que contiene alguna aclaración o anotación entre paréntesis. En la poesía también se utiliza el corchete. También se usan los corchetes en lingüística para encerrar las transcripciones fonéticas.
A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. ¿Quién le ha llamado? (no Quién le ha llamado?). ¡Qué prisa tienes!
Cuando los signos de cierre (? !) constituyen el final del enunciado, la palabra que sigue se escribe con mayúscula inicial. ¿Dónde está el restaurante? ¡Qué frío!
No, tras los signos de cierre de interrogación y exclamación nunca se escribe punto; sí pueden aparecer, en cambio, otros signos de puntuación -por ejemplo, una coma- si con la interrogación o la exclamación no termina el enunciado: ¡Espera!, ¿vale?
Imaginemos un texto sin puntos. Difícil de leer, ¿verdad? Todo cambia si los enunciados, unidades mínimas de comunicación, se delimitan adecuadamente. Para ello, la ortografía cuenta con dos recursos imprescindibles: la mayúscula, que indica el inicio de los enunciados, y el punto, que marca su fin.
Pero la función de indicar el final del enunciado no es exclusiva del punto: también los puntos suspensivos, el signo de cierre de interrogación y el signo de cierre de exclamación pueden desempeñar esa función delimitadora.
En este fragmento de El penúltimo sueño, de la colombiana Ángela Becerra, se ejemplifican estas cuatro formas de cerrar los enunciados. Nótese que cada uno se inicia con la mayúscula correspondiente y que, después de los puntos suspensivos y de los signos de interrogación y exclamación de cierre, se deja un espacio, pero no se escribe punto: hacerlo es innecesario e incorrecto.
De usted no quiero nada... ¿Me ha entendido? ¡Nada! Lo recogió y se marchó, dejando tras de sí una ráfaga de viento helado.
¿Y delante de los signos de apertura? ¿Puede aparecer un punto? ¡Por supuesto que sí! En este caso, cada signo pertenece a un enunciado diferente: el punto cierra el primer enunciado y el signo de apertura de interrogación o exclamación inicia el siguiente. Entre ambos debe dejarse un espacio de separación: «Me puse a llorar de alegría, a saltar y abrazarlos. ¿Te puedes imaginar ese momento? (Moema Viezzer Si me permiten hablar... [Bolivia 1977]).
Por último, a diferencia del punto, los signos de interrogación y exclamación pueden delimitar fragmentos de texto inferiores al enunciado, como en Hola, ¿cómo estás? En ese caso, la pregunta o la exclamación puede ir precedida o seguida de coma, punto y coma o dos puntos, el signo que corresponda según el contexto: «Les puse hasta nombre a mis amigos, ¿sabes?: Esteban, Daniel y Pedro» (Alonso Cueto El susurro de la mujer ballena [Perú 2007]); «Que no te oiga la Rosalía, porque se me va; ¡y yo no puedo vivir sin ella!» (José Donoso Donde van a morir los elefantes [Chile 1995]).
Cuidado con el uso de la mayúscula, que solo se empleará en la palabra que aparece al principio del enunciado. Los signos de exclamación pueden repetirse para aportar énfasis: ¡¡¡Dios mío!!!; los de interrogación, en cambio, no, pero pueden combinarse con los de exclamación: ¿¡Cómo!?
Además de su función característica -delimitar las oraciones interrogativas y exclamativas directas-, los signos de interrogación y exclamación tienen ciertos usos especiales. En general están destinados a aumentar la expresividad en la escritura y, por ello, rara vez aparecen fuera de obras literarias y textos publicitarios o propios de registros informales.
Así, si se quiere indicar un incremento en el énfasis exclamativo, es posible repetir dos o tres veces los signos de exclamación, como en este ejemplo de Larra, extraído de uno de sus famosos artículos, titulado La diligencia: «¡Ha ido a París! ¡¡Ha vuelto de París!! ¡¡¡Jesús!!!».
La repetición de interrogaciones, en cambio, no es normal en español; para reforzar expresivamente la pregunta y teñirla de sorpresa, incredulidad o contrariedad, los signos de interrogación se combinan con los de exclamación. En estos casos, es igualmente válido abrir con el de interrogación y cerrar con el de exclamación (¿Quieres callarte ya, caramba!) o viceversa (¡Qué estás diciendo!), aunque es preferible y más habitual abrir y cerrar con ambos a la vez.
Tampoco aquí existe un orden preferente, pero debe cerrarse primero el que se abrió en segundo lugar (¡¿Qué dices?! o ¿¡Qué dices!?, pero no ¿¡Qué dices?! ni ¡¿Qué dices!?). En todo caso, conviene tener en cuenta que muchos matices que en el discurso oral se manifiestan mediante pausas y cambios de tono, duración o intensidad en la curva melódica son difícilmente transmisibles en toda su riqueza a través de la escritura. La puntuación, por tanto, tiene sus límites.
Para comprender mejor el uso de los signos de puntuación, veamos algunos ejemplos:

Además de los corchetes, existen otros elementos tipográficos importantes en la escritura:
Estilos Tipográficos
- Letra redonda: Es aquella en la que los trazos ascendentes y descendentes de los caracteres son verticales y se sitúan de modo perpendicular a la línea de escritura. Se trata de la clase de letra neutra y básica utilizada por defecto en el texto principal.
- Letra cursiva: La letra cursiva o itálica es aquella que tiene inclinados los trazos ascendentes hacia la derecha y los descendentes hacia la izquierda. La cursiva es el tipo de letra apropiado para indicar que las palabras o fragmentos con ella resaltados son ajenos a la lengua del contexto en que aparecen, bien por ser palabras tomadas de otros idiomas, bien porque no se estén utilizando con su sentido literal o porque no pertenezcan al registro del texto correspondiente. También se emplea la cursiva con función metalingüística, esto es, para señalar que una o varias palabras se usan para referirse a ellas como tales y no por su significado.
- Letra negrita: La letra negrita es la que se opone a la normal por presentar trazos de un grosor mayor. La negrita se utiliza fundamentalmente para destacar elementos del texto y facilitar que puedan ser rápidamente localizados en la página sin necesidad de realizar una lectura secuencial.
- Letra versalita: La letra versalita es una variante tipográfica que presenta los mismos trazos que la mayúscula con una altura similar a la de la minúscula.
- Superíndices: La letra llamada volada, voladita o superíndice es aquella que, con un tamaño menor que la letra normal, se sitúa por encima de la línea de escritura y toma como referencia la línea en que se sitúan los trazos ascendentes de las letras minúsculas.
- Subíndices: Los subíndices son aquellos caracteres que, con un tamaño menor que la letra normal, se sitúan por debajo de la línea de escritura y toman como referencia la línea de descendentes.
Es importante considerar el estilo tipográfico y los signos de puntuación. La mayor parte de las familias tipográficas disponen de signos de puntuación en cursiva y negrita. En la tipografía tradicional destinada a publicaciones impresas, con una motivación claramente estética, los signos se ven afectados por el estilo de la palabra con las que están en contacto. No obstante, en la actualidad, la tendencia, en especial en las publicaciones electrónicas, es mantener los signos de puntuación en el mismo formato que el texto base, a no ser que figuren en un fragmento enteramente resaltado.
Como Aureliano frente al pelotón de fusilamiento, siempre habré de recordar el día en que mi profesora de Lengua, una anciana de nombre antediluviano y estricta preceptiva ortográfica, me llevó a conocer el signo de apertura de interrogación (Teodosia, no te olvidaré). ¿Qué hemos hecho con esa elegante manera de abrirle nuestra duda al texto?
No culparé a nadie, a menudo hay en estos soportes que ahora utilizamos ciertas restricciones que amenazan con exterminar esta noble raza tipográfica. Ciento cuarenta caracteres por aquí, deja espacio para un vídeo por allá.
Probablemente algún lector esté preguntándose quién es este tipo que cuestiona mi pulcra utilización de las comas y mi generosa conducta con los puntos. Si pertenecéis a este grupo, el texto también va con vosotros.
¿No os dais cuenta de que ahí afuera se está acabando, por ejemplo, con ese modo de expresar a la vez una pregunta y una exclamación mezclando, como en esta interminable frase, ambos signos! Estamos exterminando los signos ortográficos. Y hay algo todavía peor: somos reincidentes. No es la primera vez que nuestra inercia destructiva acaba con estos tesoros.
En el desierto de imagen, vídeo, GIF, streaming y quién sabe cuántas demoníacas plataformas más, este pequeño oasis gráfico amenaza con secarse. Pronto contaremos con un emoticono para cada emoción. Incluso contaremos con un emoticono para bailar sobre la tumba en la que enterramos las comillas, otro para ciscarnos en los corchetes. Apocalíptico, dirán algunos.
Líneas atrás comentaba que no es la primera vez que ocurre. Que varios signos ortográficos cayeron para dar paso a estos que ahora desfallecen. A continuación enumeraremos unos cuantos que sucumbieron a la moda tipológica del momento.
Signos Ortográficos en Desuso
A continuación, se incluyen algunos signos ortográficos que han caído en desuso:
- Puntos suspensivos antiguos: La primera ortografía, allá por 1741, recoge el uso de esta especie de puntos suspensivos con la intención de omitir una expresión o término. Antes de la aparición de esta norma, solían utilizarse tantos puntos como longitud se considerase que ocupaba el conjunto omitido. Finalmente, la Academia fijó en siete el número de puntos que habrían de utilizarse para este tipo de marcas.
- Diéresis métrica: Todo el que haya leído el célebre soneto de Lope se habrá extrañado al ver cómo el autor le coloca una diéresis sobre la letra «a». Este signo se utilizaba como recurso métrico para separar los diptongos en dos sílabas. Como tantas otras preceptivas poéticas en este siglo XXI, la diéresis métrica huyó el rostro al claro desengaño. La diéresis resiste de manera numantina sobre la letra «u».
- Cedilla: Otro de los símbolos extinguidos o en vías de extinción es la cedilla. Desapareció de nuestra ortografía en el siglo XVIII. Hasta entonces se utilizaba para darle a la «c» el mismo uso ante «a», «o» y «u» que ante «e», «i». Lo curioso en este caso es, además, su origen, mucho más hermoso que su desaparición. La cedilla nació como un adorno visigótico, una floritura caligráfica llamada «copete».
- Virgulilla: La célebre virgulilla, que aún hoy sirve como sombrero para la españolísima letra «ñ», tuvo en los albores del castellano un uso heredado del latín que poco a poco hemos ido perdiendo: abreviaba una palabra cuando esta no entraba en el renglón. De esta manera, era muy común ver cómo palabras repetitivas e intuitivamente reconocibles se difuminaban.
- Antilambda o diplé: La antilambda o diplé (>) es el símbolo que hoy utilizamos para, por ejemplo, reflejar en matemáticas una comparación en la que uno de los dos términos es mayor que el otro: 9 > 8. En este caso, el origen del símbolo define perfectamente la naturaleza de la Edad Media en la península. Se utilizaba, en el momento en el que la línea que separaba el latín y la lengua romance castellana se iba perfilando y acentuando cada vez más, para introducir citas literales de la Biblia.
- Asterismo: El asterismo es un carácter tipográfico representado mediante tres asteriscos que forman un triángulo equilátero (⁂). Además del hermoso origen etimológico del término (conjunto de estrellas) también es curioso el uso que al símbolo se le da, pues era utilizado para marcar el final de un capítulo dentro de una obra.
- Calderón: El calderón (¶) es un símbolo que fue utilizado durante muchos siglos para establecer el comienzo de un párrafo. Normalmente se trazaba en un color diferente al resto del texto, por lo que a menudo se dejaba el espacio en blanco para, con otra tinta, insertarlo. Este símbolo, bandera de una generación a un ciberespacio enganchada, sello de todas las direcciones que hoy utilizamos, origen de canciones que habrán de pasar a la historia, fue ya utilizado en la Edad Media para expresar una medida de peso.
- Óbelo: El óbelo (†) es un signo prácticamente en desuso, del que la tipografía tira en muy contadas ocasiones como, por ejemplo, para especificar una fecha de defunción.

Desaparecieron o están a punto de hacerlo estos y otros signos, como desaparecerán los que nos enseñó Teo. Quedarán reflejados en nuestra lengua como las cicatrices de una cultura que empezó a ser tal, precisamente, cuando pudo dar testimonio escrito de lo ocurrido. Detrás vendrán otros. Quién sabe cómo influirá en nuestro acervo la retahíla de caras sonrientes, interrogaciones irónicas o hashtags locos que fluye por nuestro día a día cada vez más asimilada. Otros nos recordarán como nosotros recordamos a los que en cierta ocasión nos mostraron la apertura de la interrogación.