Muchas veces el odontólogo se pregunta qué puede recetar en el ejercicio de su labor asistencial. Incluso podemos llegar a dudar si se puede recetar un simple antibiótico.
La duda surge sobre todo cuando leemos lo que pone en la legislación que afecta al dentista: la Ley 10/1986 y el RD 1594/1994. En ninguna de estas normas aparece una lista o algo similar que pueda arrojar esa información, indicándose únicamente que «los Odontólogos podrán prescribir los medicamentos, prótesis y productos sanitarios correspondientes al ámbito de su ejercicio profesional» (art. 1.3 Ley 10/1986).
Entonces ¿qué puede recetar un dentista? Aunque preguntáramos a la Agencia del Medicamento o al Colegio de Farmacéuticos no obtendríamos una respuesta clara sobre lo que, exactamente, puede recetar un dentista.

Antes de 2010 y de la estandarización de las recetas no existía una garantía para saber si en una farmacia se iba a dispensar (o no) un medicamento en concreto. En 2010 se publicó el Real Decreto sobre receta médica que incluía una nueva forma de realizar las recetas.
Así, podríamos decir, el dentista es capaz de recetar todo lo que corresponde a su ejercicio, incluyendo antibióticos, antiinflamatorios que precisen de receta médica e, incluso, fármacos con efecto psicotrópico (siempre que se asocie a un tratamiento dental o, incluso, al estado de ansiedad que puede sufrir un paciente por ir al dentista).
En cuanto a los medicamentos considerados «de urgencia», que pueden ser utilizados en caso de presentarse una emergencia en la clínica dental y que deben estar en el botiquín de la clínica (tal y como exige la normativa autonómica de instalación y funcionamiento de establecimientos sanitarios), debemos tener en cuenta que, en la mayoría de los casos esos productos están en ese botiquín para que puedan ser utilizados por los servicios de emergencia si tuviesen que acudir a la clínica.
También tenemos que tener cuidado con la aplicación de un medicamento por vía diferente a la de su presentación. Por ejemplo, existen vaporizadores para medicamentos que pueden hacer más fácil la administración de los mismos a niños, los cuales son útiles en situaciones de conductas difíciles (uso de ansiolíticos).
El Caso de Monurol
Monurol: Se trata de un antibiótico a base del principio activo fosfomicina, y se emplea para tratar las infecciones de orina en adolescentes y mujeres, que son los grupos más afectados por esta patología. Pero, ¿puede un dentista recetarlo?
Las frecuentes alertas sanitarias por 'complementos naturales' que en realidad ocultan sildenafilo son frecuentes, ya que apelan a hombres que no pueden tomar el medicamento al tener problemas cardiovasculares previos y que se están poniendo en peligro creyendo tomar una fórmula inocua.
En los últimos años se han desarrollado una enorme cantidad de resistencias bacterianas frente a los antibióticos por la mala adecuación de estos tratamientos. «En muchos casos los dentistas y los médicos prescriben antibióticos que no están indicados».

Así lo puso de manifiesto el Dr. Juan J. Segura Egea, catedrático de patología y terapéutica dentales y director del máster en endodoncia clínica de la Universidad de Sevilla, durante su ponencia ¿Qué pasa ahora con los antibióticos? Los prescribimos o no. ¿Cuándo? en el 6º Congreso Bienal del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Madrid (COEM).
«Un estudio realizado en la Universidad de Sevilla mostró que en la única situación en la que había que prescribir antibióticos, que es la necrosis pulpar con periodontitis apical sintomática, los prescriben el 94%.
El Dr. Segura Egea precisó que nos encontramos ante un grave problema con las resistencias a los antibióticos. «Las personas se están muriendo por infecciones que hace 20 o 25 años eran perfectamente tratables.
La OMS considera que esto es una gran pandemia y que está provocando millones de muertes. Además, apuntó que la historia ha demostrado que las infecciones endodónticas son muy graves.
«Cuando se encuentran algunas necrópolis prehistóricas, incluso árabes o romanas, aparecen los cráneos de personas que murieron por una infección endodóntica.
La aparición de los antibióticos disparó la esperanza de vida media en el mundo 20 años, pero si no cuidamos el tratamiento antibiótico podemos volver a perder esperanza de vida y morirnos más jóvenes debido a estas infecciones», manifestó.
En primer lugar, recordó que los antibióticos ayudan al sistema inmune a luchar contra las bacterias, pero no curan la infección ni controlan el dolor. «La infección bacteriana la controlan y curan las células y moléculas del sistema inmune.
La respuesta reparativa que acompaña a la inflamación es la que cura y restaura los tejidos dañados. Los antibióticos se deben prescribir cuando hay signos y síntomas clínicos (síndrome febril) que indiquen que el sistema inmunitario necesita ayuda para combatir la infección».
En segundo lugar, apuntó que los antibióticos actúan sobre las bacterias incluidas en su espectro de acción, sean o no las responsables del proceso infeccioso. En concreto, actúan sobre los patógenos primarios, pero también sobre toda la microbiota del huésped, incluidos los patógenos oportunistas (intestinal, cutánea, mucosa…).
Además, afirmó que todos los antibióticos tienen efectos secundarios indeseables y ninguno respeta la microbiota normal (comensal). «Prescribir antibióticos no es algo banal, hay que advertir a los pacientes sobre posibles efectos secundarios indeseables.
Asimismo, expuso que las bacterias, también los comensales oportunistas, desarrollan resistencia a los antibióticos. «La OMS ha declarado una alarma mundial. La incesante aparición de cepas bacterianas resistentes se considera una pandemia y causa miles de muertes», manifestó.
Al respecto, matizó que el mayor peligro son las bacterias oportunistas. «La resistencia es desarrollada por bacterias del tracto digestivo que son oportunistas, diferentes a las causantes de la infección tratada.
La desarrollan durante el tratamiento de cualquier tipo de infección, pues el antibiótico se toma por vía oral y llega al intestino. Asimismo, aseguró que en el ambiente hospitalario la cantidad de bacterias que se han vuelto resistentes es enorme.
«Ser ingresado en un hospital significa un alto riesgo de infección. Sabemos que 8 de cada 100 pacientes ingresados terminan con una infección nosocomial, sobre todo una neumonía».
Por otro lado, el Dr. Segura Egea subrayó que la administración inapropiada (indicación incorrecta, dosis insuficientes o subóptimas o duración excesiva del tratamiento) de antibióticos favorece el desarrollo de cepas bacterianas resistentes.
El Dr. Segura Egea consideró que ha habido un cambio de paradigma en el tratamiento antibiótico. «A mayor duración del tratamiento antibiótico, más probabilidad existe de que aparezca una cepa resistente.
Cuanto más tiempo estén las bacterias expuestas al antibiótico, mayor efecto selectivo y mayor selección de cepas residentes. Por tanto, cuánto más corto sea el tratamiento antibiótico mejor».
Según expuso la duración del tratamiento antibiótico la marcan los síntomas. «Prolongar el tratamiento antibiótico más haya de la resolución de los síntomas contribuye a que aparezcan más resistencias a los antibióticos. Por tanto, el tratamiento con antibióticos debe interrumpirse cuando los síntomas del paciente se hayan resuelto y haya evidencia clínica de curación.
En concreto, indicó que en la infecciones endodónticas la duración debe ser la mínima que, adaptada a las circunstancias de cada paciente, consiga su curación completa. «En las infecciones endodónticas en las que estén indicados, normalmente serán suficientes tres o cuatro días.
Esto obliga a la individualización del tratamiento y al seguimiento de los pacientes». De esta forma, el Dr. Segura Egea recordó que solo deben tomarse los medicamentos necesarios y durante el tiempo necesario.
Además, recalcó que la primera dosis de antibiótico es esencial que sea una dosis de carga (doble que la de mantenimiento). «La dosis inicial debe ser tal que el antibiótico alcance rápidamente un pico sérico 3-4 > concentración mínima inhibitoria (CMI).
La dosis de carga es esencial para que la curva esté por encima de la CMI el máximo tiempo posible. En caso contrario, pueden pasar más de 48 horas hasta conseguir la dosis efectiva».
Finalmente, apuntó que los antibióticos pueden interactuar con los alimentos, el alcohol y otros medicamentos. Entre ellos, están algunos de los antibióticos indicados en las infecciones endodónticas, en concreto, la azitromicina y el metronidazol.
Finalmente, el Dr. García Egea pidió realizar un uso racional de los antibióticos. Actualmente, una de cada tres personas se automedica con antibióticos sin consultar al médico. Además, el 85% los utiliza para tratar enfermedades poco graves como un resfriado o la gripe.
En este sentido, señaló que el tratamiento de las infecciones pulpares nunca precisa tratamiento antibiótico. «La pulpitis y la necrosis pulpar son procesos inflamatorios localizados y se tratarán mediante la apertura de cámara, el desbridamiento y el drenaje, que bastarán para resolver la inflamación, sin que haya necesidad de administrar antibióticos».
El tratamiento de las infecciones pulpares nunca precisa tratamiento antibiótico. En cuanto al tratamiento del absceso apical agudo, no requiere antibioterapia salvo en determinados casos. «El antibiótico de elección es la amoxicilina. Es el antibiótico más eficaz contra las bacterias más frecuentes causantes de infecciones endodónticas y pocas bacterias han desarrollado resistencia frente a la amoxicilina», aseguró.
En este sentido, indicó que la asociación con ácido clavulánico aumenta su espectro de acción al inactivar a las beta-lactamasas. En concreto, la clindamicina es el antibiótico de elección en pacientes con alergia a las penicilinas.
«Para el tratamiento de infecciones endodónticas, deben prescribirse las dosis de antibióticos recomendadas por la Sociedad Europea de Endodoncia (ESE). La primera dosis siempre debe ser de carga (doble)».
Respecto a los antibióticos de segunda línea, afirmó que se prescribirán cuando no se observe mejoría clínica tras 48 horas. Por otro lado, el Dr. Juan J.
El Farmacéutico y la Receta
¿Cuántas veces le ha pasado que acude un cliente a su farmacia pidiendo antibióticos o Amoxicilina pero no tiene receta médica? ¿y un Monurol sin receta?
La constante lucha en la obligatoriedad de acudir a la farmacia con receta para comprar antibióticos, nos plantea la siguiente pregunta para comenzar este blog. Pues bien, buscando sobre qué dice la ley al respecto, la primera referencia que encontramos es en el RD 29/2006 del 26 de julio.
Ésta que dice: “la receta médica se configura como una auténtica garantía de servicio profesional para el paciente. Por lo que el farmacéutico dispensará con receta aquellos medicamentos que la requieran. Y no podrá prescribir por sí mismo un medicamento que precise de receta médica…”.
Más adelante esta ley fue derogada por el RD 1/2015 del 24 de julio. Y se reformula de la siguiente manera: “el farmacéutico dispensará con receta aquellos medicamentos que la requieran.
Resolviendo las cuestiones que planteábamos al principio, es obligatorio disponer de receta ya sea en formato electrónico o en papel. Y si la persona no tuviera receta, ¿podríamos darle otra solución? Aquí es donde entra en juego nuestra labor de atención farmacéutica.
Recomendando diversos productos de venta libre que contribuyan a paliar los síntomas de la infección. Es importante recalcar que, aunque el control de dispensación de antibióticos no es tan estricto como el de los psicótropos, que por su potencial efecto adictivo necesitan un registro de entrada y salida en la farmacia, sí es de suma importancia.
El uso inadecuado de medicamentos tiene muchas facetas: tomarlos sin seguir las instrucciones y ante la aparición de molestias inespecíficas puede acabar teniendo efectos contraproducentes. Sin embargo, los antibióticos son el verdadero rostro del drama provocado por una automedicación con mal criterio.
Este problema "se acelera por el uso indebido y excesivo de los antibióticos, así como por la prevención y el control deficientes de las infecciones". Este es por lo tanto un problema extendido en las farmacias de España: clientes que acuden pensando que van a adquirir un medicamento de uso común y descubriendo que no pueden hacerlo, porque necesitan receta.
Problemas Éticos y Legales
Prescribir medicamentos es un acto que implica una importante responsabilidad. El prescriptor es, en principio, el primer responsable de las complicaciones surgidas a consecuencia del fármaco. Por otro lado, los odontólogos constituyen una de las pocas profesiones sanitarias con capacidad para prescribir fármacos. Y tienen esa capacidad tras un periodo relativamente corto de formación.
La normativa legal al respecto es bastante imprecisa. No señala claramente cuáles son los medicamentos que puede prescribir un dentista. La única limitación que incluye la ley es que los fármacos tengan por finalidad la «prevención, diagnóstico o tratamiento de las patologías bucodentales o de los tejidos anejos».
En primer lugar, ha prescrito un medicamento para un cuadro clínico no relacionado con su profesión, y para el que no tiene formación específica. En segundo lugar, ha prescrito sin haber realizado una historia clínica adecuada. En tercer lugar, el seguro de responsabilidad civil profesional podría rehusar la cobertura de la denuncia, ya que no es debida a un acto odontológico (que es el «objeto del seguro»).
¿Sabías que automedicarse con antibióticos puede poner en riesgo tu vida? Enterate por qué
