Ajoblanco: Receta Tradicional Directo al Paladar

Las sopas y cremas son platos que ocupan un lugar destacado en la gastronomía de todos los países del mundo, cada uno con su propio estilo. En España, el ajoblanco es una de las sopas frías más conocidas. El ajoblanco es una receta típica de la cocina andaluza y extremeña, aunque sus orígenes podrían remontarse hasta el Imperio Romano y la Antigua Grecia.

Aunque existen diferentes formas de prepararlo, la receta básica suele incluir pan y almendras molidas, ajo, agua, aceite de oliva, sal y vinagre.

Historia y Origen del Ajoblanco

Como ocurre con otras tantas recetas tradicionales, no existen referencias precisas sobre el origen del ajoblanco. Almáchar, en Málaga, y Aceuchal, Palomas o Puebla de la Reina, en Badajoz, son algunos de los municipios que se disputan su autoría. Más allá de sus ingredientes básicos, comunes a todas las variantes del ajoblanco, cada región añade a esta sopa su toque personal, preparándola y sirviéndola de distinta manera.

En Almería, es frecuente añadir al ajoblanco un poco de zumo de limón exprimido, para favorecer la emulsión durante el batido y lograr una sopa espesa y consistente. En Extremadura, el ajoblanco es un plato típico del verano, que suele tomarse como alternativa a las típicas migas. La variante extremeña de esta receta incluye también frutas y hortalizas de temporada, como tomate troceado, lechuga, pepino, pera o melón, así como pan duro y hierbas aromáticas, como la albahaca.

Variantes y Acompañamientos del Ajoblanco

La gastronomía española también cuenta con multitud de propuestas para realzar el sabor fresco y delicado de esta sopa. En esta ocasión, nos hemos decantado por las uvas, típicas del ajoblanco extremeño y malagueño, pero también es habitual acompañarlo de alimentos más contundentes, como los torreznos o la tortilla de patatas. Si quieres darle a este plato un toque sofisticado, prueba a servirlo con unas bolitas de melón, higos frescos o incluso, sandía, para darle un punto extra de color.

Como ves, el ajoblanco resulta una receta nutritiva, saludable y de lo más rica. Si te gusta comer o cenar ligero, esta sopa es perfecta para ti. Además, su sabor refrescante la convierte en una opción ideal para los meses de verano, demostrando que, sea cual sea la estación, ¡siempre es buen momento para un buen plato de sopa!

Ajoblanco

Ajoblanco de Chufas: Una Variación Innovadora

Como una variación desde la receta clásica de ajoblanco, he querido probar esta receta que me enseñó Ismael de Prados y me pareció deliciosa. Por eso he querido preparar esta receta de ajoblanco de chufas, en la que he sustituido la tradicional almendra marcona, por los tubérculos. El resultado ha sido una deliciosa crema fría, refrescante y llena de sabor y en la que el sabor del ajo está presente aunque diluido, ya que he empleado ajos confitados para que no repitiera ni su sabor inundase todo el plato. Ya veréis qué receta tan sencilla y tan agradable para los calurosos días de verano.

Las chufas, las dejamos en remojo durante 8 horas, pero en lugar de hacerlo en agua normal, vamos a hacerlo con agua con sal o añadiendo agua de mar al agua corriente. Así, aunque mantengamos el sabor de la chufa que nos recordará a la horchata, quitamos los toques dulces que no son tan idóneos para este ajoblanco. Si deseamos utilizar horchata común para hacer esta receta sin usar chufas frescas, deberemos añadir algo más de sal a la sopa fría final para que esté en su punto.

En la batidora de vaso, trituramos las chufas con un vaso del agua de remojo, y cuando se forme una pasta la pasamos por un colador fino para retirar la pulpa y fibras. Una vez colado, nos quedaremos con el líquido, que recordará a una horchata algo más espesa y algo más salada.

Una vez combinados, incorporamos la miga de pan y vamos añadiendo agua fría, mejor helada, y batimos el conjunto hasta obtener una textura adecuada, como la de la vichyssoise o el gazpacho. La receta de ajoblanco de chufas es una variación sobre el clásico ajoblanco malagueño al que el peculiar sabor de las chufas da un interesante toque dulzón.

Receta de Ajoblanco con Mejillones

La incorporación de los mejillones aporta textura, sabor y elegancia. Descubre nuestra receta y no tardarás en convertirte en un cocinero especializado en la preparación de un plato tan exquisito como fundamental para mejorar tu forma de comer en verano.

Ingredientes

  • 200 gramos de mejillones cocidos
  • 2 dientes de ajo troceados
  • 150 gramos de almendras crudas sin piel
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra (variedad arbequina si es posible)
  • 750 ml de agua
  • 25 ml de vinagre de Jerez
  • 75 gramos de miga de pan del día anterior
  • Sal

Elaboración

  1. Pon la miga de pan a remojo en un recipiente lleno hasta la mitad de agua.
  2. A un vaso para la batidora debes añadirle el ajo, las almendras, el pan (bien escurrido), la sal, el vinagre y la mitad de los mejillones. Bate bien mientras añades el aceite poco a poco. El agua debes ir añadiéndola según te lo pida la batidora. Recuerda que de la cantidad del líquido elemento que utilices dependerá la textura final. Reserva en la nevera hasta el momento de servirlo.
  3. Usa boles para servirlo, siempre bien frío, y remata con los mejillones que habías reservado bien picaditos. Como te hemos indicado, la cantidad de agua marcará si te gusta tomártelo con cuchara o bien bebértelo en un vaso. Se recomienda la primera opción dado el añadido de los mejillones.

El resultado debe ser siempre equilibrado, donde cada ingrediente haga su función y donde el paladar no encuentre estridencia alguna. Se aconseja también no pasarlo por un colador para que el comensal se encuentre con esos trocitos tan recomendables para descubrir texturas diversas. Como plato es único para abrir una comida de verano que se precie.

Si lo prefieres, sírvelo en vasos de tamaño mediano para conseguir un resultado más fácil de manejar y de saborear. Su combinación con vino blanco es más que recomendable. Disfruta del ajoblanco y descubre por qué esta receta no tiene nada que envidiarle a cualquier tipo de gazpacho. Innova en tu cocina y paladea el resultado. Seguro que tus amigos y familiares te agradecen esta versión de un plato tan tradicional.

Truco Final

El tipo de mejillón que se utilice marca el sabor del plato. Lo más recomendable es comprarlo en el mercado y cocerlo al vapor. En caso contrario, apuesta por la conserva de alta calidad y por mejillones de tamaño generoso. Notarás la diferencia.

Ajoblanco: Un Plato con Historia y Sabor

Ajoblanco, tradición y sabor en perfecta sintonía. El ajoblanco es mucho más que una sopa fría: es uno de los grandes emblemas de la cocina malagueña, con raíces humildes, pero un sabor inconfundible que ha conquistado paladares dentro y fuera de Andalucía. Cremoso, fresco y con ese punto aterciopelado que le da la almendra, es un plato que demuestra cómo la sencillez puede convertirse en alta cocina cuando se eligen los ingredientes adecuados.

Como bien confesó Dani García en el programa de TVE Hacer de Comer: "Es mi sopa fría favorita por encima del gazpacho. Es importantísimo que la almendra sea pelada y cruda". Y es que el secreto está, precisamente, en la almendra. Apostar por variedades de calidad como la marcona, cruda y sin piel, marcará la diferencia entre un ajoblanco correcto y uno memorable. Su textura fina y su sabor suave, pero intenso son la base que permite que el plato adquiera ese carácter elegante que tanto gusta al chef malagueño. A partir de ahí, todo suma: un buen aceite de oliva virgen extra, un vinagre de Jerez con personalidad y un punto justo de ajo.

La Receta de Dani García

Ingredientes

  • Almendras
  • Agua
  • Vinagre de Jerez
  • Cardos

Preparación

  1. Cortamos y limpiamos los cardos y reservamos en agua con hielo.
  2. Cocemos los cardos aproximadamente unos 20 minutos en agua. Reservamos dos trozos sin cocer para laminar con mandolina y añadir crudos en el emplatado final.
  3. Para el ajoblanco: Poner las almendras, con un poco de agua y el vinagre de Jerez en la licuadora. Licuamos y vamos añadiendo agua hasta conseguir la textura deseada.
  4. Terminamos de tritura y lo pasamos por un colador fino. Ponemos a punto de sal y reservamos.
  5. Templamos en una sartén el ajoblanco ya colado con los trozos de cardo. Solo templar, no calentar, que si no se espesa la salsa.
  6. Emplatamos los cardos y el ajoblanco templado y espolvoreamos con las almendras laminadas.

Ajoblanco con Thermomix y sin Thermomix

Si buscáis recetas refrescantes, fáciles de preparar y que gusten a todo el mundo, que sepáis que el ajoblanco que hoy os propongo reúne todas estas condiciones. Os la explico para hacer con y sin Thermomix, porque se necesita un potente robot para triturar los ingredientes y este es el que yo he usado, pero podéis valeros de cualquier otro que tengáis en casa.

El ajoblanco está considerado el gazpacho primigenio, una elaboración humilde que tuvo su origen probablemente en al- Ándalus, como una mezcla de lo que la población tenía más a mano, a saber, pan en migas, ajo, aceite de oliva, vinagre, sal, agua y almendras. La llegada del tomate de América daría forma al gazpacho que hoy conocemos.

Como ocurre con todas las recetas tradicionales, como también sucede con el gazpachuelo malagueño, los ingredientes van un poco a ojo y las cantidades variarán según vuestros gustos personales.

Preparación con Thermomix

  1. Empezamos remojando la miga de pan en trozos en el agua fría unos minutos, hasta que empape bien. La reservamos. Pesamos el aceite en una jarra y lo reservamos también.
  2. Si hacemos el ajoblanco con Thermomix, ponemos en el vaso la miga remojada con el agua incluida, la almendra cruda, el diente de ajo, el vinagre y la sal y trituramos 1 min/vel 8.
  3. En velocidad 4 vamos echando el aceite por la tapa poco a poco con el cubilete puesto, como si fuera una mahonesa.

Preparación sin Thermomix

  1. Si no usamos la Thermomix para hacer el ajoblanco, ponemos en el vaso de la batidora la miga remojada con el agua incluida, la almendra cruda, el diente de ajo, vinagre y sal y triturar hasta que quede bien fino.
  2. Con la batidora en marcha, vamos echando el aceite poco a poco, como si fuera una mahonesa, emulsionando bien.

El ajoblanco debemos servirlo bien frío, con lo que conviene que lo guardemos en la nevera hasta el momento de llevarlo a la mesa. En cada plato pondremos unas gotas de aceite de oliva y unas uvas blancas, peladas y sin semillas.

Ajoblanco de Avellanas con Habas y Mojama

Sólo el ajoblanco de avellanas ya os parecerá una grata sorpresa para el paladar, está delicioso y se puede tomar solo, pero la guarnición de habas tiernas, aprovechando que están de temporada, y una buena mojama, hace de este plato una exquisitez.

  1. Prepara primero las habas y la mojama, retira las habas de las vainas y después pélalas, retirando la piel que las recubre resultarán más suaves.
  2. A continuación prepara el ajoblanco, pon en el vaso de la Thermomix o de la batidora que vayas a utilizar, las avellanas tostadas, el ajo pelado y retirando el germen del interior, el pan mojado en un poco de vinagre (al gusto), el agua, y salpimenta al gusto.
  3. Finalmente añade aceite de oliva virgen extra mientras continúas batiendo para emulsionar. Deja reposar en el frigorífico para enfriar bien el ajoblanco.
  4. Sirve en los platos la guarnición, las habas con mojama y hierbabuena. A continuación vierte el ajoblanco de avellanas rodeándola, ralla un poco de avellana sobre cada plato y termina con unas gotas de aceite de avellana o, en su defecto, de aceite de oliva virgen extra.

Ingredientes Base para el Ajoblanco Tradicional

Formado por ocho ingredientes: pan, almendras, ajo, agua, aceite de oliva virgen extra, sal y vinagre. Aunque el ajoblanco es un plato que se puede acompañar con ingredientes de lo más diverso. Aunque en la vega granadina lo suelen acompañar de patatas asadas. En cuyo caso se realiza más líquido para poder beberlo.

Dicen que un diente por persona, pero para mí queda demasiado fuerte, así que si al ajo le suelo quitar el centro para que no repita, y en casa empleamos la mitad, con 2 dientes de ajo, de sobra. Luego añadir el pan remojado y hacer una pasta a la que le vamos añadiendo el aceite para que ligue. También añadimos un chorrito de leche, si es de almendras mejor, potencia el sabor de las almendras. Aunque para alguno que me lea, le parecerá un sacrilegio.

La otra opción, igualmente eficaz a mi modo de ver, es poner en un vaso de batidora o vaso americano, la almendras bien peladas. Dejamos reposar el ajoblanco malagueño por lo menos tres o cuatro horas en la nevera antes de servirlo. No solo para que se enfríe bien, sino porque los sabores cambian.

Si no habéis probado el ajoblanco todavía y os pica la curiosidad, no dejéis de probarlo.

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