La pasta dental es un producto básico en la higiene bucal de cualquier persona. Actualmente existen muchas casas comerciales con productos muy innovadores que ayudan a prevenir, tanto la caries dental como las enfermedades de las encías. Pero alguna vez, ¿te has preguntado de dónde surge la pasta de dientes?

Orígenes históricos de la pasta de dientes
La primera vez que se nombra la pasta de dientes, es en un manuscrito de Egipto el siglo IV A.C. La primera pasta dental estaba compuesta por una mezcla de polvo de sal, pimienta, Hojas de menta, iris y flores que le daban un fuerte sabor y olor. La llamaban clister.
Llamada clister o clisterate se fabricaba con pimienta, polvo de piedra pómez, sal de roca, agua, hojas de menta y también solían incluir cáscara de huevo machacada, uñas de buey e incluso mirra.
Para fabricarla se mezclaba además, piedra pómez pulverizada, sal pimienta agua, uñas de buey, cáscara de huevo y mirra.
La siguiente pista que se tiene de la pasta de dientes, nos conduce ea Grecia y Roma. La pasta dental estaba basada en orina humana, porque se consideraba que ésta contenía elementos blanqueadores.
Pero realmente la pasta de dientes fue inventada hace 2.000 años por el médico romano del siglo I, Escribonius Largus. Entre el período (10 a.C.-54). Fue médico del emperador Claudio, acompañándolo en sus expediciones y en la conquista de Britania.
El médico latino Escribonius Largus inventó la pasta de dientes con ese fin, hace ya dos mil años. Su fórmula magistral era una mezcla de vinagre, miel, sal y cristal muy machacado.
Este tratado (De Compositione Medicamentorum), contenía una lista de más de 300 prescripciones elaboradas a partir de sus conocimientos y otros colegas médicos eminentes.
Los huesos de pescado fueron utilizados por los chinos. En la Edad Media, los árabes utilizaban arena fina y piedra pómez como ingredientes en las fórmulas utilizadas para la limpieza de los dientes, sin embargo descubrieron que el uso de estos duros abrasivos perjudicaba el esmalte dental.
En el siglo XVI los Mayas utilizaban distintas sustancias vegetales y animales para la higiene bucal. Sin embargo, el dentífrico no sería de uso común hasta el siglo XIX y es en el cambio de siglo, concretamente en el año 1901 cuando se inician las primeras investigaciones con el flúor llevado a cabo por Frederic McKay un prestigioso dentista americano.
Evolución en el siglo XIX y XX
En 1842, un dentista llamado Peabody fue el primero en agregar jabón a la pasta de dientes. El primer dentífrico comercializado apareció en Gran Bretaña a finales del Siglo XVIII, en presentación de polvo o pasta envasado en cerámica.
En 1850, el doctor Washington Sheffield Wentworth, un cirujano dental y farmacéutico, inventó la primera pasta de dientes. El Dr. Sheffield había estado utilizando su invención, que él llamó Creme Dentifrice, en su práctica privacidad.
Lucius S. hijo del doctor Sheffield se dio cuenta de la ergonomía del envase de las pinturas y decidió almacenar el compuesto creado por su padre en este tipo de envase.
Tras la Segunda Guerra Mundial, aparecieron detergentes sintéticos que sustituyeron el jabón usado en las pastas dentales, tales como Lauril sulfato de sodio y sulfato de sodio.
La investigación del flúor en odontología tuvo su inicio en 1901, el dentista Frederick McKay, en Colorado, inició la investigación al observar que numerosos residentes presentaban manchas de aspecto desagradable y color café en sus dientes, el cual llegó a conocerse como Mancha Café de Colorado.
Las manchas producidas por el café era tan habitual que tenía nombre propio dentro del mundo de la Odontología “Mancha de Café Colorado”.
En 1909 el renombrado Dr. G.V. Black, accedió ir a colorado Springs y colaborar con él en la búsqueda de la causa de la misteriosa enfermedad.
La pasta dental fluorada aparece en 1914 y es introducida a los países industrializados a finales de los años 60.
You’ll wonder where the yellow went / when you brush your teeth with Pepsodent! Esta campaña supuso un antes y un después en la higiene bucal y el curso de la odontología, ya que consiguió que el cepillado de dientes se convirtiera en un hábito.
En 1955, las pastas dentales Crest fueron líderes en el mercado debido al reconocimiento realizado por la American Dental Association (ADA), asociación científica altamente prestigiada. A partir de ese momento el mercado de las pasta de dientes, avanzo y se extendió hasta tal punto.
Así, apareció en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII el primer dentífrico para comercializar. Pero fue en el 1850 cuando el doctor Wentworth inventó la primera pasta de dientes colocándose en tubos metálicos.
Toda esa evidente evolución científica y tecnológica de las pastas dentales hace que hoy en día observemos en el mercado una amplia gama para elegir.
Componentes comunes en la pasta de dientes moderna
La gente lleva utilizando dentífricos durante cientos de años. La fórmula más moderna existe desde la década de 1940. Si bien cada marca y cada producto tienen su propia composición, existen diversos ingredientes comunes. Como puede observar en los estantes de las tiendas, incluso existen fórmulas específicas dependiendo del tipo de dentífrico.
Hoy igual que ayer es muy aconsejable el uso del flúor dental para nuestros dientes. Su composición suele contener calcita, fluoruro de sodio, monofluorfosfato de sodio, agua y otras sustancias. También contienen saborizantes, colorantes, elementos humectantes y otros abrasivos para que resulte eficaz y su uso agradable.
- Flúor: Cuando se trata de combatir las caries, el flúor desempeña un papel crucial. Dentaly El flúor es un elemento natural con el que se pueden combatir las caries. Es un mineral que contribuye a fortalecer el esmalte de sus dientes, haciendo que sean menos propensos a las caries y reduciendo las probabilidades de que se deterioren a causa de los alimentos y bebidas ácidos.
- Abrasivos: Pese a que los abrasivos desempeñan un papel activo en los dentífricos, no se consideran un ingrediente activo puesto que no reducen el riesgo de padecer caries o la enfermedad periodontal. Los antiguos egipcios y romanos utilizaban como abrasivos para sus dentífricos las cáscaras de huevo o las conchas de ostras molidas. Hoy en día, los abrasivos que se utilizan son más suaves e higiénicos, como el carbonato de calcio, gel de sílice deshidratado y óxido de aluminio hidratado. Estos ingredientes limpian y pulen la superficie de los dientes sin provocar daños en el esmalte.
- Saborizantes: El flúor y los abrasivos le ayudan a limpiar y proteger sus dientes, pero no tienen un sabor agradable. Esta es la razón por la que los dentífricos contienen una gran cantidad de aromas o saborizantes. Los dentífricos suelen llevar edulcorantes como la sacarina o el sorbitol. Si bien estos ingredientes son dulces, los dentífricos no contienen azúcar, por lo que no producen caries.
- Humectantes: Los humectantes son los ingredientes que evitan que su dentífrico se seque o se acartone. El sorbitol funciona como agente saborizante y humectante, por ello lo encontrará en la composición de numerosos productos dentales. Retiene el agua del dentífrico para que al extraerlo del tubo siempre salga una pasta homogénea.
- Detergentes: Los detergentes hacen que su dentífrico le proporcione una sensación agradable, al generar espuma durante el cepillado. Uno de los detergentes más comunes utilizado en la composición de los dentífricos es el dodecilsulfato sódico.

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Sustancias potencialmente dañinas en los dentífricos
El cuidado de la salud bucodental en casa, con frecuencia, se realiza incorrectamente, ya sea por no seguir unos hábitos determinados o por no estar suficientemente informados, algo que pasa muy a menudo. Cometemos muchos errores a la hora de lavarnos los dientes.
Sin embargo, también existen otros peligros, ya que los productos que utilizamos quizá no sean los adecuados o, aún peor, pueden ser directamente perjudiciales para la salud. Aunque no traguemos la pasta de dientes, a través de la mucosa oral el cuerpo puede llegar a absorber gran parte de las sustancias que componen el dentífrico.
Entre los componentes de la pasta de dientes podemos encontrar productos químicos abrasivos, multitud de alérgenos, espesantes y fluoruro, que pueden resultar realmente perjudiciales para nuestra salud dental. Así lo concluye una investigación realizada por Cornucopia, el instituto estadounidense orientado a hábitos alimenticios y de consumo, entre otros.
Este estudio incide en la presencia de productos potencialmente tóxicos entre los componentes de los dentífricos estadounidenses, también entre las primeras marcas, tales como materiales sintéticos derivados del petróleo. Incluso en el caso de que la pasta de dientes se venda como “natural” ese reclamo poco tiene de saludable; puede que cuente con algunos ingredientes naturales, pero procesados y sintetizados también químicamente, por lo que resultan ya totalmente diferentes al producto original.
Algunas de estos componentes son:
- Carragenina: Un espesante derivado de las algas, que puede producir problemas intestinales e incluso cáncer.
- Dietanolamina: El elemento empleado para que el dentífrico haga espuma y que está comprobado que causa irritación de las mucosas y de la piel.
- Fluoruro: En pequeñas cantidades fortalece el esmalte y previene las caries, pero es altamente tóxico. La ingestión prolongada de grandes cantidades puede afectar a los huesos.
- Formaldehído: Una sustancia que es liberada por multitud de conservantes utilizados para la fabricación de las pastas de dientes y que provoca irritación cutánea y ocular.
- Parabenos: Empleados como conservantes, pueden afectar al sistema endocrino, provocando una liberación irregular de estrógenos, entre otros.
Las sustancias insalubres que contenga el dentífrico pueden pasar directamente a nuestro torrente sanguíneo con cada cepillado.
De manera que las sustancias insalubres que contenga pueden pasar directamente a nuestro torrente sanguíneo con cada cepillado.
Regulación y control de los ingredientes
La causa a la que apunta Cornucopia para que se produzca tal situación es la falta de regulación en la materia. En Estados Unidos es la Food and Drug Administration (FDA) quien debería ocuparse de este tipo de artículos, en tanto que son de cuidado o higiene personal, pero lo cierto es que se engloban en la categoría de cosméticos, que allí cuentan con muy poco seguimiento, con una ley que data de 1938 (se ha avanzado mucho en productos químicos desde entonces). Debido a ello, el control termina dejándose sobre todo en manos de la autorregulación de las propias empresas.
En España, sin embargo, estos productos sí se regulan por Real Decreto (1599/1997 del 17 de octubre, modificado en dos ocasiones), en el que se estipula que “los productos cosméticos que se comercialicen en el territorio comunitario no deberán perjudicar la salud humana cuando se apliquen en las condiciones normales o razonablemente previsibles de uso”. Con un epígrafe específico para dentífricos, establece además las sustancias que no pueden ser empleadas, aunque deja la puerta abierta a un gran número de químicos.
Por su parte, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) es el mecanismo estatal regulador y también contamos con la normativa europea CE 1223/2009 en materia de cosméticos.
El hecho es que una misma compañía fabrica actualmente el mismo producto de forma diferente para Europa y EEUU, con el fin de adecuarse a ambas normativas: la estadounidense, más cómoda para emplear sustancias rentables aunque poco saludables, y la europea, más restrictiva en ese sentido.
Esa brecha en la regulación de ambos bloques es precisamente el punto focal del TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), el acuerdo que pretende establecer una normativa común entre Europa y EEUU a fin de eliminar trabas para las empresas multinacionales. Sus defensores aluden a que esas facilidades fomentarán más inversión, pero el principal motivo de su rechazo social es la intención de flexibilizar las condiciones a la baja, es decir, equipararlas con las estadounidenses.
Las empresas no tendrían que molestarse en fabricar dos tipos de producto, pero este es un buen ejemplo de hasta dónde llega la falta de regulación estadounidense en el empleo de químicos, no solo en cosmética o higiene, también en otros campos, como la alimentación.
Por otro lado, la American Dental Association de Estados Unidos recibe grandes subvenciones de la industria cosmética, por lo que no cabe esperar, por el momento, que vaya a poner mucho empeño en denunciar los posibles componentes perjudiciales de un artículo que, no olvidemos, debemos utilizar tres veces al día.
La próxima vez que se encuentre en la sección de productos bucodentales de la tienda, observe los ingredientes del primer dentífrico que vea. Con un poco de suerte, reconocerá muchos de los términos que aparezcan entre ellos.
Desde Clínica Fuset recomendamos que acudas a nosotros para evaluar tu boca, y en función de ello, te asesoraremos sobre cuál es la pasta de dientes que más te conviene.
La finalidad de este artículo es fomentar la comprensión y el conocimiento de temas generales de salud oral. Su propósito no es sustituir la opinión, el diagnóstico o el tratamiento profesionales.