Escuchar la frase “sacar una muela con quiste” puede generar inquietud. Si te han diagnosticado un quiste dental en una muela, es normal que tengas muchas preguntas y algo de temor. Como odontólogo con varios años de experiencia, quiero acompañarte en este proceso y explicarte en primera persona, de forma cercana pero profesional, todo lo que necesitas saber.
Hablaremos sobre qué es exactamente un quiste dental y por qué aparece, cuándo es realmente necesario extraer la muela afectada, cómo es el procedimiento quirúrgico paso a paso, los riesgos involucrados, la recuperación y cuidados postoperatorios, y más. Mi objetivo es que, al terminar de leer, te sientas tranquilo/a, bien informado/a y con la confianza de saber qué esperar en cada etapa.

¿Qué es un quiste dental?
Primero, déjame explicarte qué es exactamente un quiste dental. Es una cavidad cerrada, similar a una bolsita llena de líquido o material semisólido, que se forma en el hueso maxilar o mandibular alrededor de un diente. La mayoría de los quistes dentales (también llamados quistes odontogénicos) son benignos (no cancerosos) y se desarrollan lentamente, a menudo como resultado de infecciones crónicas de origen dental.
Por lo general, se origina cuando la pulpa o nervio del diente muere a causa de una infección o lesión. El organismo, en un intento de aislar esa infección, forma una membrana a su alrededor creando esta “bolsa” en el hueso. Con el tiempo, esa bolsa puede ir creciendo. Los dentistas llamamos a este tipo más común quiste radicular o quiste periapical, ya que aparece en la punta de la raíz de un diente (generalmente una muela) cuyo nervio ha necrosado (muerto) por caries o golpe.
Un quiste dental es una lesión que crea una cavidad redonda en el interior del hueso maxilar. Se trata de un cúmulo de células, líquido y aire que destruyen el hueso del maxilar. Normalmente, aparecen en dientes dañados. Como decimos, un quiste maxilar es bastante común y, por tanto, su tratamiento es habitual.
Sin embargo, hay quistes dentales que son peligrosos, ya que dichas células son malignas. Por otro lado, aunque encontramos una serie de síntomas en los quistes dentales; en algunos casos, los pacientes son asintomáticos.
Quistes dentales o de los maxilares, guía para pacientes 2023
Tipos de Quistes Dentales
Ahora bien, no todos los quistes dentales son iguales. Existen distintos tipos según su origen y ubicación. El quiste bucal puede dividirse en 5 tipologías diferentes, en función de la naturaleza de esta dolencia. Veamos en qué consiste cada uno de los tipos de quistes odontogénicos:
- Quiste radicular o periapical: Es el más común. Se forma en el ápice (extremo) de la raíz de un diente no vital (muerto). Suele deberse a una infección dental crónica, originada por caries que alcanzaron el nervio o por un traumatismo. Básicamente es la evolución de un granuloma o absceso dental que el cuerpo encapsula.
- Quiste dentígero (folicular): Se desarrolla alrededor de la corona de un diente que aún no ha erupcionado (salido), generalmente una muela del juicio retenida o un canino incluido. Es de origen distinto al radicular: aquí el quiste se forma por acumulación de líquido alrededor del diente retenido.
- Quiste periodontal lateral: Se localiza en el lateral de la raíz de un diente con vida (vital) y está asociado a lesiones o quistes en el ligamento periodontal. Puede surgir por problemas periodontales (en las encías y el hueso alrededor del diente). Por su parte, este quiste dental se produce en el lateral del diente. Normalmente, es indoloro, pero si se lleva a cabo una pérdida del hueso.
- Quiste residual: Aparece en un área edéntula (sin diente) donde anteriormente hubo un quiste o infección que no se eliminó completamente al extraer un diente. Es decir, si al sacar una pieza dental infectada no se limpió bien el tejido enfermo, puede quedar un resto quístico que luego crece en el hueso. Estos quistes tienden a aparecer tras la extracción de un diente. Cuando realizamos una extracción dental, el tejido infectado debe retirarse también, ya que si no se retiran adecuadamente existe la posibilidad de la formación de un quiste residual que deberá ser extirpado en otro acto quirúrgico. Por lo tanto, es importante que tras una extracción dental se ejecute una correcta limpieza del tejido infectado que existía alrededor del diente.
- Quiste dental de erupción: Se trata de un quiste en la encía, propio de los más jóvenes de la casa. Sí, es un quiste dental propio de niños. Y es que se produce cuando un diente permanente, a la hora de nacer, ejerce presión al no poder hacerse hueco en la encía. Normalmente, no requieren tratamiento, puesto que desaparecen solos. No obstante, en casos más graves, será necesario extraer el quiste así como la pieza dental obstruida.

Causas de la aparición de quistes dentales
Existen varios motivos por los que aparece esta lesión bucodental:
- Caries
- Infecciones dentales crónicas
- Traumatismos
- Desarrollo anormal de los tejidos
- Tejido epitelial en el desarrollo dental
La causa más frecuente por la que aparecen los quistes dentales son los procesos infecciosos. Por lo tanto, la mejor prevención es mantener una buena higiene dental y realizar visitas periódicas a nuestra clínica dental. Llevaremos a cabo tratamientos de control y prevención.
Síntomas de los quistes dentales
En muchos casos, un quiste dental no produce síntomas al inicio. Puede estar ahí, debajo de la encía, sin que tú lo notes. De hecho, es común descubrirlo de forma accidental en una radiografía de rutina. Por ejemplo, tú acudes al dentista por una limpieza o por una molestia menor, te toman una radiografía y ¡sorpresa! aparece una manchita oscura en el hueso que resulta ser un quiste.
Cuando un quiste es pequeño y no está infectado, típicamente no duele ni inflama. A medida que aumenta de tamaño, puede empezar a causar presión en el hueso y en los dientes vecinos. A veces notarás un bultito indoloro en la encía o una sensación extraña. Cada caso es distinto, pero incluso sin síntomas evidentes, un quiste no tratado puede seguir creciendo silenciosamente, “comiéndose” el hueso alrededor. Por eso, no debemos ignorarlo aunque no duela.
En cuanto a la sintomatología del quiste dental, cabe señalar que es muy amplia. Y es que algunos pacientes son asintomáticos, no se percatan del quiste hasta que este no es visible en la boca. Sin embargo, en aquellos casos donde sí hay síntomas, podemos destacar los siguientes:
- Inflamación en la encía
- Dolor o molestia
- Sensibilidad dental
- Alteración en la sensibilidad labial
- Presión en la mandíbula (dificultad para masticar o hablar)
- Llagas
- Absceso dental
- Aparición de llagas en la encía.
- Reabsorción de las raíces próximas al quiste dental.
- Puede aparecer una protuberancia semiblanda en la encía cuyo interior está formado por pus.
- Es común, también, sufrir de sensibilidad en los labios.
- En los casos más avanzados el crecimiento del quiste puede provocar desplazamiento de una o más piezas dentales.
Tratamiento de los quistes dentales
Esta es una de las dudas más comunes: si tienes un quiste en la raíz de una muela, ¿significa eso automáticamente que hay que sacar (extraer) esa muela? La respuesta es: NO siempre. Como dentista, mi filosofía es intentar salvar tu diente natural siempre que sea viable. La extracción de la pieza dental es el último recurso cuando no hay más remedio.
El tratamiento de un quiste dental consiste en su extracción. Hay que eliminarlo para que no afecte al resto de la boca. Así, se suele realizar al principio una endodoncia del nervio dental dañado por el quiste. Pero también hay que tratar el quiste dental con antibiótico, ya que habrá producido una infección.
Recuerda que cada caso es único, por ello tu odontólogo será la persona encargada de explicarte cómo proceder con tu caso. En cuanto al postoperatorio, cabe señalar que el paciente presentará ciertas molestias en la zona tratada durante algunas semanas, así como un edema (hinchazón). De ahí que se recomiende dieta blanda los primeros días tras la intervención.
El tratamiento para la eliminación del quiste se determinará en función del estado del diente, de la endodoncia, del tamaño del quiste, de su origen, de la afectación de dientes vecinos, etc. Nuestro especialista valorará todos estos factores teniendo en cuenta los resultados de las pruebas previas que solicitemos.
El tratamiento de los quistes puede implicar distintas técnicas:
- Endodoncia o reendodoncia de los dientes afectos.
- Exodoncia de dientes afectos que no tengan viabilidad.
- Apiceptomía: Obturación retrógrada para obtener un sellado del diente y evitar la recidiva del quiste.
- Reconstrucción de encía y partes blandas para obtener una buena salud periodontal y una buena estética.
Opciones de Tratamiento
Existen dos enfoques principales para el tratamiento:
- Tratamiento conservador (sin extraer la muela): Si la muela afectada está en buen estado general (por ejemplo, tiene caries pero la estructura se puede restaurar) y el quiste es de tipo radicular, muchas veces podemos conservar el diente. ¿Cómo? Realizando una endodoncia (tratamiento de conducto o “matar el nervio”) en esa muela para eliminar la infección interna, y a continuación una cirugía apical para quitar el quiste. Esta cirugía se llama quistectomía (extirpación del quiste) y normalmente incluye una apicectomía, que es cortar la puntita de la raíz afectada y sellarla. En términos sencillos, limpiamos el diente por dentro con la endodoncia, y limpiamos el quiste por fuera con la cirugía, manteniendo tu diente en boca. Este enfoque conservador es muy efectivo en quistes periapicales pequeños o moderados, y permite que la muela siga cumpliendo su función tras la recuperación.
- Extracción de la muela y del quiste: Lamentablemente, hay situaciones en las que no queda otra opción que extraer la muela completa junto con el quiste. ¿Cuándo pasa esto? Cuando optamos por la extracción dental, ten en cuenta que también retiraremos completamente el quiste en la misma intervención. Es decir, el cirujano/odontólogo se asegurará de limpiar bien el hueco del hueso donde estaba alojado el quiste, eliminando todo el tejido quístico. Sé que perder una muela puede sonar drástico, pero a veces es la mejor decisión para tu salud. Una muela en mal estado con un quiste grande es una fuente de infección constante; al retirarla, le damos al hueso la oportunidad de sanar. Además, hoy en día podemos reemplazar esa pieza ausente más adelante (por ejemplo, con un implante dental o un puente) una vez que todo esté curado.
En resumen, NO siempre hay que sacar la muela con quiste. Si el diente puede salvarse, intentaremos un tratamiento conservador (endodoncia + extirpación del quiste). Solo extraemos la pieza cuando está demasiado dañada o el quiste es tan grande/complicado que mantener la muela no es seguro.

Procedimiento para quitar un quiste dental
Pasemos ahora a describir cómo se quita un quiste dental. Cuando te enfrentas a la palabra “cirugía”, es normal sentir nervios, pero quiero que sepas exactamente qué haremos y cómo lo haremos, para que tengas tranquilidad.
- Preparación y anestesia: El procedimiento se realiza usualmente con anestesia local, igual que cuando te empastan una muela. Te aplicaremos anestesia en la encía y zona alrededor del diente afectado, de manera que todo quede dormido y no sientas ningún dolor durante la cirugía. Solo sentirás presión y manipulación, pero no dolor cortante. Si estás muy ansioso/a, podemos además administrar sedación consciente (medicación para relajarte) supervisada por un anestesista, aunque en la mayoría de casos no es necesario.
- Acceso al quiste (y extracción de la muela, si corresponde): Una vez anestesiado, el odontólogo o cirujano oral hará una pequeña incisión en la encía sobre la zona del quiste para levantar un colgajo (separar la encía del hueso) y así acceder al hueso donde está la lesión. Si también hay que extraer la muela, este es el momento: se realiza la extracción dental con cuidado, procurando no dañar el tejido alrededor. A veces, la presencia del quiste hace que esta sea una extracción dental complicada, ya que el quiste puede haber “comido” hueso y la pieza puede estar algo débil; pero paradójicamente, eso también puede facilitar que la muela salga con menor resistencia de hueso alrededor. En todo caso, utilizamos instrumentos adecuados (elevadores, fórceps) para sacar la muela de forma controlada.
- Extirpación del quiste: Con la muela fuera (o habiendo accedido por el lateral de la raíz si conservamos el diente), procedemos a retirar el quiste del hueso. Básicamente, usamos instrumentos quirúrgicos delicados como curetas para despegar y sacar la membrana quística y todo su contenido. Imagina sacar cuidadosamente un globo de agua de un agujero sin reventarlo: queremos eliminar todo el saco del quiste completo, sin dejar restos adheridos a las paredes óseas. Esto es importante para que no vuelva a formarse. Si el quiste es muy grande, a veces lo vaciamos primero (drenamos el líquido) y luego extraemos la membrana colapsada; otras veces se puede extraer entero de una vez. ¿Y si el diente se quedó? En los casos de tratamiento conservador donde dejamos la muela, lo que hacemos es resecar la punta de su raíz junto con el quiste (apicectomía).
- Limpieza y (opcional) injerto óseo: Una vez quitado el quiste, nos quedará una cavidad en el hueso. Limpiaremos bien esa cavidad con suero fisiológico, eliminando cualquier resto de tejido enfermo. Si el quiste era pequeño, el propio organismo rellenará ese hueco con hueso nuevo con el tiempo. Si era un quiste muy grande que dejó un defecto óseo considerable, en ocasiones recomendamos colocar un injerto de hueso o material de relleno en la cavidad para ayudar a la regeneración. Este injerto puede ser de hueso artificial o un biomaterial, y actúa como andamio para que tu propio hueso vuelva a formarse.
- Sutura y finalización: Por último, recolocamos la encía en su sitio y ponemos puntos de sutura (stitches) para cerrar la incisión. Suelen ser de seda o reabsorbibles, según el caso; si son de seda, te citaré a los ~7 días para retirarlos fácilmente (es rápido e indoloro). ¡Y listo! La cirugía en sí típicamente dura entre 30 y 60 minutos, dependiendo del tamaño y complejidad del quiste. Tras finalizar, te quedarás un rato en observación con una gasa mordida hasta asegurarnos de que el sangrado está controlado y de que te sientes bien para marcharte a casa.
En términos generales, quitar un quiste dental no es muy diferente a una extracción de muela normal, solo que añadimos el paso de limpiar el quiste. Para ti como paciente, la experiencia bajo anestesia es muy similar: no sentirás dolor, solo un poco de presión o vibración de los instrumentos, y escucharás los sonidos de la intervención.
Quiero que sepas que durante todo el proceso estaré pendiente de tu comodidad. Si en algún momento sientes molestia (lo cual es raro con buena anestesia), administramos más anestésico.
Riesgos y Complicaciones Potenciales
La cirugía de extracción de un quiste dental es un procedimiento seguro y común, pero como con cualquier intervención quirúrgica, existen algunos riesgos o complicaciones potenciales que debes conocer.
- Infección postoperatoria: Después de quitar un quiste (y más si extrajimos una muela), existe una pequeña posibilidad de que se infecte la herida quirúrgica. Para prevenirlo, suelo recetarte un antibiótico profiláctico y te doy instrucciones de higiene (que detallaremos más adelante). Aun así, si la zona se infectara, lo notarías por aumento del dolor e hinchazón a los pocos días; en ese caso, habría que drenar si se acumula pus y ajustar el antibiótico.
- Sangrado y hemorragia: Es normal que haya un sangrado ligero de la encía las primeras horas tras la cirugía (manchas saliva de rojo). Lo controlamos haciendo que presiones una gasa sobre la zona. Las hemorragias severas son rarísimas. Si tienes algún trastorno de coagulación o tomas medicamentos anticoagulantes, lo tendremos en cuenta de antemano para manejarlo adecuadamente. En casos normales, el sangrado cede pronto y solo verás quizás un leve rezume sanguinolento el primer día. Te explicaremos cómo morder la gasa y qué hacer en casa para evitar sangrar en exceso (por ejemplo, dormir con la cabeza algo elevada, no escupir ni enjuagar fuerte, etc.).
- Lesión nerviosa: Dependiendo de la ubicación del quiste, existe un riesgo teórico de tocar algún nervio. El caso más típico es en quistes grandes de la mandíbula inferior cercanos al nervio dentario inferior (que da sensibilidad al labio y mentón) o en la zona de caninos superiores cerca del nervio nasopalatino. Quiero subrayar que este riesgo es muy bajo. Antes de la cirugía revisamos la radiografía/escáner para ver la posición del quiste respecto a los nervios. En muy pocos casos (quistes muy extensos), podría ocurrir una parestesia temporal (entumecimiento) en el labio o zona afectada si el nervio se irrita durante la operación. Esto generalmente es temporal y revierte en semanas. En mi experiencia, nunca he tenido un paciente con daño nervioso permanente por una quistectomía. Pero siempre es algo que vigilamos con cuidado y te informaremos si tu caso tiene alguna cercanía a nervios.
- Alveolitis seca: Esta es una complicación posible si se extrajo una muela, más que por el quiste en sí. Consiste en que el coágulo que debe formarse en el alveolo (hueco) del diente se pierde o no se forma bien, dejando el hueso expuesto y causando dolor intenso a los pocos días de la extracción. Es más frecuente en extracciones de muelas del juicio inferiores y en pacientes fumadores. Para prevenir alveolitis, insistimos en que sigas las indicaciones de no fumar, no enjuagar fuerte ni succionar por 24-48h. Si aun así ocurriera, tiene tratamiento sencillo en consulta (enjuagues especiales, colocar un apósito medicado) y se resuelve en unos días.
- Recurrencia del quiste: Un objetivo crucial de la cirugía es eliminar todo el quiste para que no vuelva a salir. Si por cualquier razón quedara algún resto de la membrana quística, existe la posibilidad de que el quiste recidive (vuelva a formarse) con el tiempo. Para minimizar esto, yo me tomo el tiempo necesario para curetaje minucioso de la zona. Además, en las revisiones posteriores vigilaremos mediante radiografías que la cavidad esté cicatrizando bien. La gran mayoría de las veces, tras quitar el quiste por completo, no vuelve a aparecer. Pero debo mencionarlo como una posible complicación si la extirpación no fuera completa.
Riesgos de no tratar un quiste dental
Hasta aquí hablamos de los riesgos de la cirugía en sí. ¿Y qué hay de los riesgos de no hacer nada? Es importante señalar que no tratar un quiste dental conlleva riesgos mayores que los de la cirugía.
- Destrucción ósea progresiva: El quiste puede seguir expandiéndose dentro del hueso y “comiéndose” el hueso maxilar/mandibular.
- Daño a dientes vecinos: Al crecer, el quiste puede presionar o reabsorber las raíces de los dientes cercanos. He visto casos donde el diente de al lado se queda sin soporte óseo o desplazado por culpa de un quiste grande.
- Infección aguda (absceso): Un quiste crónico puede en cualquier momento infectarse agudamente y convertirse en un absceso doloroso.
- Complicaciones severas y poco comunes: Quistes muy grandes, si no se tratan, pueden llegar a afectar estructuras importantes (por ejemplo los senos paranasales en el caso de muelas superiores) o derivar en lesiones más complejas. En casos rarísimos, ciertas lesiones quísticas podrían degenerar en un ameloblastoma u otro tipo de tumor benigno agresivo que requiere cirugías más extensas.
En vista de todo esto, queda claro que lo más seguro es tratar el quiste dental oportunamente. Los riesgos de la cirugía son bajos y manejables.
¿Cómo saber si un quiste dental es maligno?
Si bien es cierto que, por norma general, una vez extraídos no dan más problema. Sin embargo, existe la posibilidad de que el quiste sea maligno. ¿Y cómo detectar un quiste dental maligno? Acudiendo al odontólogo cuanto antes. Y es que este profesional de la salud dispone de los medios exactos, como el escáner dental 3D, para poder llevar a cabo un diagnóstico riguroso.
Consejos para prevenir los quistes dentales
Como ya sabes, la causa más común de desarrollar un quiste en la muela o en cualquier otra pieza es una infección. De ahí que el mejor consejo que te podamos dar desde un punto de vista profesional es que cuides tu higiene bucodental. Sí, lavarse los dientes y emplear hilo dental. Parece mentira, pero es fundamental. Y es que mantener una boca sana es sinónimo de menor presencia de bacterias y, por ende, de una menor probabilidad de aparición de infecciones bucales.
Asimismo, una detección temprana es fundamental. ¡Hay que actuar a tiempo! Ante cualquier síntoma, acude a tu dentista. Del mismo modo, es imprescindible que visites con periodicidad a este profesional. La salud es lo primero.
Para evitarlo, siempre tienes que mantener una correcta higiene bucodental, lo que permitirá evitar todo tipo de infecciones. Por lo tanto, es recomendable el cepillado después de cada comida y el uso de hilo dental. Es importante llevar a cabo una rutina de higiene diaria, acompañada de revisiones anuales a tu dentista de confianza para detectar cualquier problema a tiempo. Si presentas alguna caries dental, problemas de encías o enfermedades gingivales, lo ideal es que lo trates cuanto antes.