Saliva Ácida y Sarro Dental: Causas, Consecuencias y Tratamientos

La salud bucal es un reflejo del bienestar general, y la saliva desempeña un papel clave en mantener el equilibrio de la boca. Sin embargo, cuando la saliva se vuelve demasiado ácida, pueden surgir problemas como caries, sensibilidad dental y mal aliento. Identificar las posibles causas de la saliva ácida es fundamental para prevenir complicaciones y mantener una boca sana.

¿Qué es la saliva ácida y cuáles son sus consecuencias?

La saliva cumple funciones esenciales en la cavidad oral, como ayudar en la digestión, neutralizar los ácidos y proteger los dientes contra bacterias. En condiciones normales, su pH oscila entre 6.2 y 7.6, lo que garantiza un ambiente adecuado para la salud dental. Sin embargo, cuando el pH de la saliva baja por debajo de estos niveles, se vuelve ácida, favoreciendo el desgaste del esmalte y aumentando el riesgo de caries y otras enfermedades bucales.

Los principales problemas asociados con la saliva ácida incluyen:

  • Mayor propensión a caries y erosiones dentales.
  • Sensibilidad en los dientes al consumir alimentos fríos o calientes.
  • Mal aliento debido a la proliferación de bacterias.
  • Posible desarrollo de enfermedades periodontales.

Por lo tanto, comprender las posibles causas de la saliva ácida es esencial para tomar medidas preventivas y evitar daños en los dientes.

Causas de la saliva ácida

Existen diversas razones por las cuales el pH de la saliva puede volverse más ácido. Unos pocos indicadores de que está experimentando este desagradable sabor ácido son los niveles de pH de las bacterias presentes en la boca, y la comida que ingiere.

  • Dieta: Los alimentos más consumidos en la dieta actual suelen tener un pH ácido, lo que produce una acidificación del pH salival que de mantenerse en el tiempo podría provocar la desmineralización del esmalte dental. Otros alimentos capaces de alterar el pH salival son los alimentos azucarados.
  • Reflujo gastroesofágico: La enfermedad por reflujo gastroesofágico también es una causa directa, ya que el contenido y los ácidos del estómago regresan al esófago y crean un sabor ácido en la boca.
  • Medicamentos: Los medicamentos, vitaminas o fármacos sin receta también puede provocar disgeusia. Determinados medicamentos, si se usan durante largos periodos, pueden originar un sabor metálico y a veces amargo o ácido.
  • Embarazo: Las mujeres embarazadas pueden experimentar una serie de percepciones del gusto alteradas durante este tiempo. Los cambios hormonales podrían dar lugar a un sabor ácido durante el embarazo, o solo al comienzo.

Tratamientos y prevención de la saliva ácida

Algunas estrategias efectivas incluyen:

  • Mantener una dieta equilibrada, reduciendo el consumo de alimentos y bebidas ácidas o azucaradas.
  • Beber suficiente agua para favorecer la producción de saliva y neutralizar ácidos.
  • Mantener una excelente higiene bucal, cepillándose los dientes al menos dos veces al día y usando hilo dental.
  • Consultar con un odontólogo regularmente para detectar problemas a tiempo y recibir recomendaciones adecuadas.

Al aplicar estas prácticas, se puede controlar y prevenir la saliva ácida, protegiendo la salud bucal a largo plazo. Identificar las posibles causas de la saliva ácida y tomar medidas para contrarrestarlas es la clave para mantener un equilibrio saludable en la boca.

¿Qué es el sarro?

El sarro, también llamado cálculo o tártaro dental, es consecuencia del endurecimiento de la placa bacteriana. La placa bacteriana es una película que se deposita sobre los dientes y está compuesta de bacterias, saliva, restos de comida y células muertas. Aparece en todas las personas.

La placa dental va depositándose continuamente en los dientes, a lo largo del día y la noche. Incluso, después de cepillar los dientes, la placa se desarrolla en su superficie al cabo de unas 24 horas. Si la placa no se retira mediante el cepillado, después de aproximadamente 72 horas, comienza a endurecerse y se convierte en sarro al entrar en contacto con sales minerales presentes en la cavidad bucal.

Además, la placa permite la proliferación de bacterias entre las que se incluyen las que producen la caries, de ahí la importancia del cepillado diario y el uso de seda dental.

El sarro es por tanto resultado del endurecimiento de esa placa bacteriana no retirada. Forma un recubrimiento blanquecino o amarillento en la base de los dientes, en especial en los dientes inferiores anteriores por el lado de la lengua y en los molares superiores por el lado de la mejilla.

La placa puede eliminarse mediante el cepillado diario, sin embargo, el sarro no puede eliminarse mediante cepillado y solo pueden eliminarlo adecuadamente un dentista o un higienista dental.

El sarro está compuesto en su mayor parte (del 70 al 90%) por elementos inorgánicos ―sales minerales―, que se combinan con sustancias orgánicas como proteínas, carbohidratos y, en menor medida, lípidos.

Además de poder provocar problemas de salud como caries dentales, gingivitis o halitosis, el sarro dental constituye un problema estético.

¿Qué causa el sarro?

Como acabamos de ver, la ausencia o deficiencia de higiene dental es la principal causa de formación del sarro: si no se retira periódicamente, la placa dental se acumula, endurece y mineraliza, lo que da lugar a la formación del sarro.

¿Cuáles son sus factores de riesgo?

Además de una incorrecta higiene bucal, existen otros factores que propician la aparición del sarro. Entre ellos, se encuentran los siguientes:

  • El consumo excesivo de alimentos o bebidas ricos en azúcar.
  • El tabaquismo.
  • El consumo excesivo de café, té o vino.
  • El uso incorrecto o prolongado de algunos colutorios.
  • La malposición o mala alineación de los dientes. Ello aumenta la dificultad de llevar a cabo una higiene adecuada y, por tanto, de retirar correctamente la placa dental.
  • Factores genéticos que afectan a la saliva como el grado de acidez (pH).
  • Producir una cantidad insuficiente de saliva debido al uso de medicamentos u otras condiciones médicas.
  • Tener edad avanzada. Con el paso de los años, las encías pueden retraerse, lo que expone una mayor superficie dental a la acumulación de placa y a la formación de sarro.

¿Cómo es el sarro?

El sarro tiene la apariencia de una costra gruesa que cubre los dientes, sobre todo la parte trasera de las piezas delanteras inferiores, que es una zona más difícil de limpiar. También puede formarse entre las piezas dentales y el borde de las encías.

Inicialmente su color es blanquecino, pero se mancha con facilidad y puede adquirir un tono amarillento o amarronado. Asimismo, puede presentarse acompañado de hinchazón y enrojecimiento de las encías, cuadro conocido como gingivitis.

¿Qué tipos existen?

En función de su localización, el sarro puede ser:

  • Supragingival. Se acumular en la superficie visible de los dientes y encías.
  • Subgingival. Se localiza por debajo de la línea de la encía, por lo que es más difícil de percibir.

¿Qué problemas puede provocar en la boca?

Si no se elimina correctamente la placa bacteriana y se forma sarro, pueden producirse, en función del tipo de bacterias predominantes, los siguientes problemas en la boca:

  • Gingivitis. La placa y el sarro irritan e inflaman las encías, que se hinchan y sangran. Se pueden formar “bolsillos” en los que pueden proliferar bacterias.
  • Periodontitis. Es una forma más severa de la enfermedad de las encías, en la que los ligamentos y el hueso que soportan el diente se destruyen. Con frecuencia, desencadena la pérdida de la pieza dental.
  • Caries dentales. Son agujeros o cavidades que dañan la estructura del diente. Se producen cuando las bacterias presentes en la placa metabolizan los azúcares y producen ácidos capaces de disolver el esmalte con el paso del tiempo.
  • Mal aliento (halitosis). Debido a menudo a una mala higiene oral, las bacterias presentes en la boca segregan compuestos de azufre que producen un olor desagradable. Puede ocurrir que el sarro no sea visible, pero que sí se perciba el mal aliento. Los “bolsillos” que se crean por la gingivitis y periodontitis acumulan bacterias y pueden incrementar la halitosis
  • Aumento de la sensibilidad en los dientes, sobre todo al frío y/o al calor.

Además, los trastornos dentales pueden llegar a provocar una gran variedad de problemas de salud sistémicos como trastornos digestivos o enfermedades cardiovasculares, entre otros.

¿Cómo se trata el sarro?

No es posible eliminar el sarro con el cepillado. Una vez se ha formado, solamente el odontólogo puede retirarlo mediante una tratectomía, una limpieza dental que permite extraerlo mediante el uso de instrumentos especiales. Se trata de un procedimiento indoloro y que no requiere ningún tipo de anestesia, aunque puede resultar un poco molesto para personas con elevada sensibilidad dental; en este caso, puede emplearse un espray con un anestésico local para insensibilizar el área.

Asimismo, el sarro puede extraerse con un aparato que emite ultrasonidos que lo desintegran.

En el caso de que el sarro se haya acumulado bajo las encías, es necesario realizar un curetaje o raspado dental. Este implica una limpieza más profunda, que sí suele requerir la aplicación de anestesia local.

¿Cómo hay que limpiar la boca para prevenir el sarro y la placa dental?

Para reducir al mínimo la placa bacteriana y evitar así que se forme el sarro, es necesario limpiar todos días los dientes, la lengua, las encías, el paladar y el interior de las mejillas. En concreto, una higiene oral completa debe incluir los siguientes cuidados personales:

  • Cepillarse los dientes cuidadosamente. Debe hacerse tras cada comida pero, sobre todo, es fundamental realizar un cepillado profundo antes de irse a dormir, cuando baja la producción de saliva y los movimientos de la lengua, ya que estos contribuyen a remover la placa bacteriana. Puede utilizarse un cepillo manual o eléctrico, aunque estos últimos han demostrado retirar la placa con mayor eficacia si cuentan con tecnología oscilatoria-rotatoria. En todo caso, se recomienda que el cepillo tenga cerdas suaves o medias y que el cabezal no sea demasiado grande para que llegue a todos los rincones de la boca.
  • Cepillarse las encías. Tras los dientes, debe cepillarse con suavidad la dentadura a lo largo de la línea de las encías.
  • Usar un dentífrico con flúor. El dentífrico que usemos para el cepillado debe incluir flúor en su fórmula, porque ayuda a prevenir las caries. También existe la opción de realizar enjuagues bucales fluorados tras el cepillado dental. En niños deben emplearse dentífricos adaptados a su edad en contenido de flúor.
  • Limpiarse los espacios interdentales. Si existe espacio suficiente, debe emplearse un cepillo interproximal o, si no, hilo o seda dental. Ambos deben usarse al menos una vez al día, preferiblemente por la noche, con el fin de asegurar la limpieza de las caras laterales de los dientes y que no queden restos de comida entre ellos. También se puede emplear un irrigador de agua para eliminar los desechos que se encuentren entre los dientes y debajo de las encías. Es especialmente importante la limpieza con cepillo interproximal, seda o irrigador, en personas que lleven implantes o puentes, ya que los espacios entre los dientes y la retracción de las encías pueden favorecer la acumulación de placa en espacios difícilmente accesibles.
  • Limpiarse la lengua. Debe frotarse suavemente hacia adelante usando el cepillo de dientes o un limpiador lingual, ya que en ella se acumulan un gran número de bacterias.

Además, los expertos recomiendan un examen rutinario de los dientes al menos una vez al año y una limpieza profesional cada seis o doce meses con el fin de eliminar el sarro, ya que este puede acumularse en los dientes incluso aunque se lleve a cabo en casa una buena higiene dental.

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