El Hada de los Dientes: Origen y Leyenda de un Ser Mágico

Pocos campos de investigación ofrecen al estudioso que se adentra en sus sendas tantas dificultades y recovecos como plantea el estudio de los cuentos y las tradiciones populares. Pocos también resultan tan atractivos y despiertan tanto interés en el especialista y en el lego en la materia. El título de este artículo pudiera hacer pensar en un intento de retomar la tesis indoeuropea que floreció en la primera mitad del s. XIX al compás de los logros de la lingüística comparada.

Nuestro objetivo es mucho más modesto: la lectura de distintos cuentos castellanos, cuentos populares, transmitidos oralmente y recogidos en nuestro siglo, nos ha brindado datos, referencias, rasgos, verdaderamente llamativos por su paralelismo con algunos atestiguados en las fases más antiguas de las tradiciones de los distintos pueblos indoeuropeos. De momento queremos llamar la atención sobre esas huellas, unas tienen una vieja raigambre y están bien atestiguadas en los testimonios literarios indoiranios, hititas, griegos y latinos, por no citar sino los de fecha más antigua. Hallan refrendo además en los hallazgos arqueológicos y en los datos procedentes de otros pueblos cuya documentación escrita es más reciente (celtas, germanos, baltos, eslavos).

Ahora bien, como señalábamos más arriba, esa herencia no permanece inmutable, máxime cuando después de la romanización, otros pueblos contribuyeron muy notablemente a la configuración de nuestro patrimonio cultural: durante la repoblación los mozárabes llegados del sur confluyeron con los cristianos venidos del norte, un norte donde el Camino de Santiago favoreció el flujo de peregrinos con sus cuentos, canciones, relatos, etc. Mas justamente el hecho de que haya una modificación y una conformación de los cuentos populares a las peculiaridades de cada zona, el reconocimiento de pérdidas en la transmisión, obliga a aunar "todos los recursos posibles suministrados por el trabajo de historiadores, geógrafos, etnógrafos y psicólogos", en palabras de Thompson, en pos de una verdadera comprensión de los cuentos folklóricos.

El Mundo Irreal de los Cuentos Maravillosos

En los cuentos maravillosos, en especial en los Cuentos de Encantamiento que constituyen un apartado especial en la recopilación de A. M. Espinosa, hijo, el oyente o el lector con frecuencia se ve transportado junto con el protagonista a un mundo irreal. Generalmente los cuentos no son muy ricos en descripciones. Precisamente por ello interesa fijarse en los rasgos que caracterizan al diablo o a otros habitantes de ese ultramundo, prestar atención a su paisaje o a los elementos que parecen definirlo.

El otro mundo en las tradiciones más antiguas de estos pueblos, al menos en una de sus figuraciones, se representa como una pradera con árboles, con agua, sea un río, sean fuentes, donde pastan animales (bóvidos y caballos especialmente) y donde los difuntos disfrutan de una vida apacible, feliz, sublimación de todos los placeres de esta vida (banquetes, danza, canto, caza). La imagen del más allá como un prado conlleva en las tradiciones más antiguas la figura de un dios de los muertos como pastor, también como jinete que recorre sus tierras y en determinadas tradiciones (la medieval griega conservada en el folklore, por ejemplo) arrebata a jóvenes, viejos y niños para construirse con ellos su propio jardín.

También anhelan los mortales desvelar los misterios en los que se ve envuelta su vida, su pasado y su futuro. Naturalmente también la versión castellana de la Bella y la Bestia, "La fiera del jardín" tiene por escenario un jardín. No es el único caso en que la fuente se convierte en lugar privilegiado de encuentro.

En los cuentos antes aludidos el escenario es un jardín al que se accedía por un subterráneo, a través del agua o se dejaba sin especificar este supuesto. Unos caballeros, un gigante, son los dueños de tal lugar en esos cuentos. Mas quizás sea "La peña encantada" el ejemplo más significativo de estas peñas huecas. Los hombres no se atreven a ir solos, ni de madrugada ni por la noche a regar los prados cercanos y los pastores que pasan por allí dicen ver calaveras y pasar sombras.

Es éste un relato que casi parece salido de los labios de un cuentista irlandés. Los episodios con niños feéricos son frecuentísimos en tierras célticas en relación con los síde, las colinas donde viven las hadas u otros seres. Peñas, peñascos, cerros, cuestas aparecen en otros cuentos, muchos de los pueblos castellanos cuentan con su Cueva de la Mora, sin embargo, los rasgos que aparecen en esta narración son peculiares y específicos, guardan relación con la tradición céltica.

En esta variante y en la del Castillo de los Gigantones es donde mejor se aprecia la relación con aquellos relatos de expedición al otro mundo en busca de una hermosa mujer. Conviene también llamar la atención sobre el lugar donde deja a la tercera joven, que ha elegido por esposa: en una fuente sobre un árbol, a la orilla de un río o en la galería de palacio con una fuente abajo. Allí la encuentra una gitana o una mora, quien viendo su reflejo en el agua, cree que es ella la hermosa y llena de envidia, cuando descubre la verdad, so pretexto de peinarla, le clava un alfiler que transforma a la joven en paloma.

Son varios los detalles en los que conviene fijarse siquiera someramente: la fuente de nuevo como lugar de encuentro. Sucede aquí al revés, el protagonista dejó una mujer muy guapa y encuentra otra muy fea quien justifica su negrura por haberla quemado el sol. El hecho de peinarse es casi la ocupación exclusiva de esas jóvenes que se aparecen en una fuente. La transformación en paloma nos llevaría a considerar la constatación en los cuentos del viejo concepto del alma-pájaro. Esto presupone la equiparación entre una muchacha y una flor o su fruto, muy viva en la poesía amorosa desde la manzana de Safo que los recolectores no pueden alcanzar hasta la flor de mi jardín de la copla popular, con la peculiaridad de que en este caso es una mujer ultramundana.

Es esto lo que ocurre en una serie de cuentos castellanos con títulos diferentes pero indudablemente variantes diferentes de un mismo relato. El episodio que más interesa aquí guarda de nuevo relación con el Castillo de Irás y no Volverás, que en otro cuento más arriba aludido era morada del diablo. Nada se dice aquí en tal sentido, si bien engloba una serie de rasgos que prueban su relación con el más allá: tal lugar, innominado unas veces, Castillo o Huerta de Irás y no Volverás en otras versiones se ubica en un paraje remoto (hay que atravesar tres ríos), se busca allí bien un agua curativa, bien tres objetos maravillosos cuya naturaleza puede variar pero que corresponden a los elementos comunes de un jardín: ya hemos mencionado el agua, también figuran peces de colores, un ramo de flores y un pájaro.

Ahora bien, la versión que habla de un castillo menciona los mecanismos de seguridad: las puertas sólo se abren a determinadas horas y lo que es más importante, de quedar encerrado, será imposible salir porque todos los que han entrado han visto transformada su naturaleza. Parecen dos resultados antitéticos en cuanto a que más arriba nos hemos referido al símil que equipara al hombre con un árbol, también con una flor.

Tales comparaciones son frecuentes en panegíricos y lamentos, están detrás de la concepción griega del Jardín de Caronte, el antiguo dios de los muertos que se construye su propio vergel con los muertos que va recolectando. La dualidad piedra-árbol constatada en las variantes de este cuento ratifica, empero, la pertinencia de esta comparación, pues precisamente esa imagen se encuadra en un riquísimo campo de interrelaciones míticas al que también pertenece un enigmático refrán griego sobre la generación de los hombres a partir de los árboles y las piedras.

Incluso aunque no tuviéramos en cuenta tales consideraciones, habría que reparar en el cuento "La joven lista" quien logra escapar de los ladrones que la persiguen refugiándose primero en una encina: "Encinita, ábrete y vuélvete a cerrar y méteme dentro, que me vienen persiguie...

Embaucadoras y seductoras, entre calderos, brebajes imposibles, varitas mágicas, sapos y culebras, las reconoceréis por su risa peculiar y su silueta al borde de la luna. En nuestro imaginario es posible que aún permanezcan con ropajes oscuros, sombrero de ala ancha y una escoba como complemento. Raro es el cuento que no tema a su sombra. Justas y perversas, las brujas fueron en su origen curanderas y mujeres cultas, muchas veces de tradición prerrománica o celta, conocedoras de los remedios de la naturaleza que fueron perseguidas durante siglos desde la Edad Media en las famosas cazas de brujas.

“Con esta selección de cuentos no tengo intención de romper los estereotipos más amenazadores de las brujas. Tampoco pretendo presentarlas desde un punto de vista favorable. Una tarea que le ha llevado por los diversos parajes del mundo para elaborar una selección de cuentos folclóricos de todas las culturas, aunque, tras años de trabajo, no ha sido capaz de trazar una imagen concreta sobre estos personajes. “La bruja desafía cualquier intento de definirlas y su figura sigue siendo tan misteriosa y enigmática como siempre”, aclara. No obstante, advierte, “quizá las más conocidas en todas las culturas sean las brujas violentas.

“Esta bruja caníbal -prosigue- se remonta a la antigüedad y se le atribuyen diversos orígenes. Mito o realidad, lo cierto es que durante la Edad Moderna, entre 1450 y 1750, miles de personas, principalmente mujeres, fueron acusadas de practicar brujería, un término que abarcaba desde el uso de la medicina natural hasta conductas sexuales y sociales rechazadas por la moral y la autoridad religiosa de la época.

“Durante esos trescientos años de persecuciones y asesinatos de mujeres, los cazadores de brujas fueron alentados por los altos cargos de la Iglesia y la monarquía para que interrogaran y sentenciaran a las brujas con las excusas más triviales y extrañas imaginables -explica la autora en el prefacio del libro-. En los juicios casi siempre se les acusaba de un apetito sexual desenfrenado, antinatural en las mujeres, de actos sexuales perversos con el diablo o de menoscabar la virilidad de los hombres”.

Difíciles de clasificar, en su antología no falta de nada. Todo lo que se pueda esperar de una bruja, está aquí. Así, cuentan en el relato ingles La boda de Sir Gawain: “Tenía la piel áspera y arrugada; los ojos hundidos y amoratados. Pero como no todo es lo que parece, una de esas moralejas que aprendemos de los cuentos, también las hay hermosas, como las jóvenes que bailan en el cuento indio Indravati y las siete hermanas mientras tratan de seducir al príncipe, ocultando al fondo de sus largos vestidos y su “belleza inquietante y perturbadora” unos pies humanos colocados del revés.

“La bruja del bosque de esta historia -cuenta Husain en las notas del libro- es, sin duda, un ser benéfico. De hecho podría ser un modelo primitivo de lo que luego sería el hada madrina, popularizada por Perrault”.

Tanto en español como en francés (fee), su nombre proviene de Fata, diosa romana del destino (Fatum). y los demonios, considerados ángeles caídos o malvados. rebelión de Lucifer ni en la defensa de Dios. la existencia de seres intermediarios entre los humanos y planos de existencia superiores. totalmente espirituales o materiales, teniendo cuerpos de aire o éter. dudas sobre la presencia de alma en estos seres o sobre su mortalidad. sílfides o silvestres se consideraban habitantes de los bosques.

que eran los más cercanos a nosotros. humano. inteligentes que los humanos, aunque no por ello incapaces de equivocarse. situaba como habitantes ancestrales, anteriores a los humanos. a los humanos, fueron decayendo. zâna, xana, anjana, tündér, nereida, etc). difuminado sus diferencias. diosas, videntes, espíritus guardianes, de la naturaleza o los muertos. en las tormentas. tabúes (p.ej. manantiales). veía como unas pequeñas luces en el bosque. impulso imparable de bailar compulsivamente. antiguos de las hadas.

en los que habitaban. escandinavos. rasgo que comparten con los djinn árabes. cristianismo, aunque posteriores al diluvio. mayoritariamente cristiana. (c. 700-400 a.C.) o del Bronce (c. geografía irlandesa. enfermedades conocidas. entumecidos. hacían perder sus miembros. asumiéndose su muerte. las visiones eran el medio que usaban para comunicarse. dormir allí. Otro caso que señala posibles enfermedades son los cambiones. los niños que dejaban las hadas a cambio del hijo sano. con deformidades o inanimados, que morían al poco tiempo. rasgos más sutiles, como mayores membranas interdigitales o escamas.

distintos tipos de hadas, como los pixies. pasos y/o mostrarse poco habladores, sin gusto por cantar o con incapacidad para sonreír. bailando. En los cuentos modernos, el frío hierro era la debilidad de las hadas, un elemento que no pueden ni tocar. Realmente, más que ser un análogo de la kriptonita, que debilita a los habitantes de Kriptón en los cómics de Superman, el hierro tiene un efecto apotropaico, es decir, aleja el mal.

El efecto de los objetos metálicos no era exclusivamente sobre las hadas, sino también sobre brujas y espíritus. Al fin y al cabo, como se ha mencionado anteriormente, son seres relacionados y entre los que no hay una diferenciación tan clara. Los utensilios de hierro, como los cuchillos o las agujas, podían usarse para contrarrestar las acciones de estos. Para evitar su entrada se colocaban bajo el umbral de la entrada o bajo la cama, ya que era habitual que atacaran por la noche. Véase el caso de la parálisis nocturna, que también se atribuía a los elfos, otro miembro del pueblo oculto, o los secuestros de niños.

De por sí, al hierro se le atribuían propiedades mágicas tanto positivas como negativas, según la época, región o uso. Por ejemplo, una herradura podía atraer la suerte o alejarla según como estuviese colocada. Incluso la posición beneficiosa en una región podía ser la perjudicial en otra. En otros casos, lo importante eran otras propiedades, como que fuera usada. El origen de este poder del hierro es difuso.

El hada que actúa como un ángel de la guarda es prácticamente un invento de la literatura, ya que su naturaleza es precisamente la opuesta y lo mejor sería evitarlas. Sus primeras apariciones ocurren en Finette Cendron de Cuentos de hadas (1697) de Madame d'Aulnoy y en la Cenicienta de Cuentos de Mamá Ganso (1697) de Charles Perrault, publicados con un mes de diferencia. Aunque Perrault había escrito un manuscrito previo en 1695, no incluía ni Cenicienta ni Pulgarcito, historias que la condesa de Aulnoy conocía y que influyeron en Finette Cendron. En aquella época, los cuentos se transmitían oralmente en los salones aristocráticos parisinos con un público adulto y fue a finales del siglo XVII cuando comenzaron a plasmarse por escrito.

El Hada de los Dientes: Orígenes y Evolución

El hada de los dientes responde a un ritual antiguo y generalizado de deshacerse del primer diente de leche. La forma de hacerlo es diversa. Podía arrojarse al Sol; al fuego; entre las piernas; hacia o sobre el techo de una casa; ofrecerlo a algún animal, como el agujero de un ratón junto a la chimenea; enterrarlo; ocultarlo donde no pudieran encontrarlo los animales; colocarlo en un árbol o la pared o que la madre, el niño o un amimal se lo tragara. Debido a esto se razona que el diente, o su pérdida, debía tener un importante valor simbólico.

De hecho, una de las mayores maldiciones bíblicas era pedir a Dios que rompiera los dientes de sus enemigos (Job 4:10; Salmos 3:7 y Salmos 58:6). algo que había perdido, es decir, el diente. A los dientes también se les otorgaba un valor único, por lo que debe hacerse inaccesible a los enemigos, como las brujas. Con frecuencia, se invocaba a un animal, como un ratón, una rata o un cuervo, para encontrar un diente nuevo y mejor.

Aunque podían existir hadas que bajo ciertas condiciones otorgaran un beneficio, como los leprechaun y sus ollas de oro, el hada de los dientes podría no haber sido una de esas. Ofrecer un diente al hada podría haber sido una forma de sacrificio para evitar que se llevara al niño. De esta manera, se colocaba el diente junto a la cama, en un vaso o plato y espolvoreado con sal para evitar que acudieran las hadas malvadas. La aversión al hierro se usaba colocando un cuchillo bajo la almohada.

El hada de los dientes tal y como la conocemos surgió a principios del siglo XX, cuando ni siquiera recibía ese nombre. Entonces los dientes eran recogidos por "las hadas", "el hada", "la buena hada", "la reina hada" o "la princesa hada". El reconocimiento como hada de los dientes surgiría tras la Segunda Guerra Mundial y, en la década de 1960, se extendería por Reino Unido. Esto habría sido posible gracias al boom de la posguerra, la cultura familiar orientada a los niños y a la influencia de los medios de comunicación.

naturaleza, pero obtuvo aún mayor fuerza a finales del siglo XIX. mercado cultural y la atracción por lo sobrenatural pero, por otra, al rechazo del feminismo. fascinaban. distinto. caras de animales. indisponibles y de constitución delicada. viera sometida a casarse. Estas mujeres solían ser doncellas cisne, selkies, sirenas o hadas.

No obstante, ellas siempre se aseguraban el derecho a abandonar a sus esposos bajo una condición. La sirenita de Andersen, Melusina de Goethe, Ondina de Fouqué o Lamia de Keats son ejemplos de estas historias. Por otra parte, incluso los folcloristas ignoraban selectivamente la información disponible que indicaba que las hadas vivían como comunidades exclusivamente femeninas, al igual de las amazonas, queriéndose mantener así un ideal conservador de lo femenino, incapaz de organizarse por sí mismas.

Como los otros ejemplos del pueblo oculto, los difusos orígenes de sus criaturas apenas tienen que ver con el cajón de sastre que son actualmente. Sin embargo, a diferencia de los indefinidos troles, las hadas presentan una homogeneidad debida a las motivaciones de los grandes autores del siglo XIX. Lo que nos ha llegado no es más que una imagen sesgada que ignora sus peculiaridades.

Estas no eran criaturas de bondad pura, incapaces de mayor mal que una travesura picaruela. El Hada de los Dientes se encarga de coger los dientes de los niños a cambio de un regalo desde que era pequeña. Hace mucho tiempo, cuando el Hada de los Dientes era una niña, también se le cayó un diente.

Con toda la ilusión del mundo, el Hada de los Dientes puso su diente debajo de la almohada y se durmió, esperando un regalo. Pero cuando se despertó, su diente seguía allí. El Hada de los Dientes volvió a probar suerte al día siguiente, pero el resultado fue el mismo: su diente seguía allí.

Muy triste, el Hada de los Dientes dejó de recoger los dientes de los niños, así que los niños dejaron de ofrecerle a ella sus dientes, y empezaron a dárselos al Ratoncito Pérez. Al principio, el Ratoncito Pérez estaba muy contento porque se estaba haciendo rico con tantos dientes.

Al poco tiempo, el Ratoncito Pérez se dio cuenta de que era demasiado trabajo para él. Y es que había días que no podía recoger todos los dientes, y como consecuencia, había niños que se quedaban sin su regalo. Tendré que hablar con el Hada de los Dientes, a ver qué pasa -pensó Pérez. Cuando fue a ver al Hada de los Dientes, el Ratoncito Pérez se encontró que la pobre estaba dormida y que, junto a su cama, había una carta. En el sobre iba dirigido a "quien quiera quedarse con mi diente".

Pérez, que era un ratón muy astuto, en seguida se dio cuenta de lo que pasaba, y pensó:- Me llevaré su diente y le dejaré un regalo. Seguro que así recuperará la ilusión y volverá a hacer su trabajo. A la mañana siguiente, cuando el Hada de los Dientes despertó, se encontró un maravilloso regalo. - ¡Es un saco mágico para guardar los dientes de los niños! -gritó el hadita muy feliz-. ¡Justo lo que necesitaba! ¿Quién habrá sido?

Entonces, descubrió una nota junto a su cama que decía: Siento haber tardado tanto, compañera. No te volveré a fallar. - Este tiene que haber sido Pérez -dijo el Hada de los Dientes-. Y yo pensando que le caía mal… ¡qué injusta he sido! Desde entonces, el Ratoncito Pérez y el Hada de los Dientes son algo así como socios, y se ayudan el uno al otro para que ningún niño se quede nunca sin su regalo por su diente.

TradiciónAcción
GeneralDeshacerse del primer diente de leche
MétodosArrojar al Sol, al fuego, enterrar, ofrecer a animales
InvocaciónRatón, rata, cuervo para encontrar un diente nuevo
ProtecciónSal, cuchillo bajo la almohada


Representación moderna del Hada de los Dientes


El diente como símbolo central de la tradición

El Hada de los Dientes | Cuento de colores en Español

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