La historia de la odontología está llena de figuras fascinantes, y entre ellas destaca el Dr. Florestán Aguilar y Rodríguez (La Habana 1872 - Madrid 1934), una de las figuras más relevantes de la historia de la Odontología en España y de la propia Ciudad Universitaria.

Su peripecia vital está recogida por Julio González Iglesias en Bocas imperiales (Plaza y Janés). Su condición de dentista de la Real Cámara y su estrecha relación con el Rey Alfonso XIII, le convirtió en una persona muy influyente.
Un Amigo Fiel y Consejero Real
Reputado odontólogo, formado en EEUU, acompañó al Rey en sus peores momentos, como cuando tuvo que partir al exilio, y en los mejores, como cuando le acompañaba de francachelas. Era uno de sus pocos amigos. Florestán estaba en el Palacio de Oriente cuando Alfonso XIII tomó las de Cartagena y se cercioró de que Victoria Eugenia pudiera salir de España sin problemas (el recuerdo del asesinato de los Romanov pesaba mucho en el ánimo de la familia real cuando se proclamó la II República).
De hecho fue el que le dijo al Rey que debía irse de España tras las municipales de 1931 en las que los partidos monárquicos ganaron pero perdieron en las grandes ciudades.

Alfonso XIII, en una imagen en la que se aprecia el prognatismo.
El Legado Académico de Florestán Aguilar
Fruto de sus esfuerzos, y gracias al apoyo de la Reina María Cristina, fue la creación en 1901 de los estudios de Odontología, dentro de la Facultad de Medicina.
Su actividad se dirigió fundamentalmente a dignificar al profesional de la Odontología desde el punto de vista académico e investigador. La Biblioteca de Odontología tiene el privilegio de albergar entre sus fondos parte de su biblioteca personal y de su propio despacho. Te invitamos a conocer la Colección Florestán Aguilar.
Formación y Reconocimiento
Se formó en Estados Unidos, y en Europa, sobre todo en España, Portugal, Francia y Alemania.
Florestán Aguilar, como Anitua, era una eminencia de la época, con un amplio reconocimiento en el extranjero. Tenía su consulta en la calle de Alcalá pero la trasladó al palacio Longoria de Fernando VI, actual sede de la SGAE.
Alfonso XIII y sus Problemas Dentales
Alfonso XIII tenía problemas bucales. El más llamativo, como apuntó su tía la Infanta Eulalia, la llamada barba prognática de los Habsburgo, avivada por el matrimonio de su padre Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo.
Cuenta González Iglesias que cuando a principios del siglo XX se pusieron de moda los estudios eugenésicos, algunos de estos cantamañanas (los expertos de la época) dijeron que ese prognatismo era un rasgo demostrativo de la degeneración de los Habsburgo y de los Borbones. "Según ellos, el poder absoluto era una cosa antinatural que a la larga se volvía contra las familias que las ejercían, embruteciéndolas". Por supuesto, los republicanos aceptaron y difundieron estas ideas. En 1914 un periodista preguntó a Florestán Aguilar por la cuestión y dijo que el prognatismo era una cuestión racial. "Carlos I y Voltaire fueron prognáticos y nada tontos", dijo.
Precisamente sobre esta cuestión versó el trabajo que leyó en el ingreso de la Academia de Medicina en 1933.

El Rey en su exilio en Roma, con sus nietos Juan Carlos y Gonzalo, en 1938.
Explicaba también que Alfonso XIII era muy disciplinado en sus cuidados dentales y que como cualquiera se ponía nervioso en la consulta de su dentista y contaba chascarrillos para disimular. También, como cierta duquesa le comentó al periodista especializado en historia de la Monarquía Juan Balansó, que el Rey se veía aquejado de una halitosis brutal que podría ser de origen dentario. En 1929, estando Alfonso XIII en Inglaterra jugando al polo, sufrió un desvanecimiento y fue reconocido por el doctor Smart, médico del príncipe de Gales. También tuvo un dolor en el hombro y en la zona precordial. Le diagnosticaron una cardiopatía de origen infeccioso. A partir de ahí, comenzó el declive de Alfonso XIII que muchos atribuyeron a la congoja por la muerte de su madre.
Como gran parte de la corte de la época, era frecuente acompañante del Rey en sus francachelas. Finalmente Florestán se casó con una de sus queridas, María Iruretagoyena, "cuya vida había sido poco virtuosa" y que resultó "una magnífica compañera". En 1928, el Rey le nombró vizconde de Casa-Aguilar.
La semblanza que trazó de él el político Melchor Almagro San Martín: "Florestán era un hombre cuyo elevamiento se debía a sí mismo: actividad, ingenio, trabajo. "En EEUU aprendió su profesión y su idioma, el inglés. Supo hacer fama y dinero y se compró un palacio. Entró en el de Oriente para cuidar la dentadura decaecida de SM el Rey y su familia. ¡Qué extraño nexo histórico puede haber entre la odontología y la fidelidad!".
El nuevo régimen no trató bien a Aguilar. Le destituyeron de su cargo al frente de la Escuela de Odontología y de la Junta de Construcción de la Ciudad Universitaria, para la que había trabajado incansablemente. En 1934 enfermó súbitamente y murió. Alfonso XIII no pudo estar en el entierro pero mandó unas letras a su viuda, la famosa María Iruretagoyena: "De corazón comparto tu inmenso dolor muerte, leal amigo, preclaro doctor que tanto laboró por la ciencia española y por la patria.
Pero sin duda su titulo más importante era el de "único amigo" de verdad de Alfonso XIII.
Paralelismos Modernos: Juan Carlos I y Eduardo Anitua
La visita del Rey Juan Carlos a su dentista en Vitoria, su fidelidad a Eduardo Anitua -por el que ha volado desde Abu Dhabi para tratarse la dentadura- recuerda la estrecha relación que mantuvo su abuelo Alfonso XIII con Florestán Aguilar (La Habana , 1872-Madrid, 1934), su dentista de cámara y uno de los hombres que le fueron más fieles.

El rey emérito Juan Carlos I, aterrizando en Vitoria.
En esta ciudad cuenta con dos buenos amigos, además de profesionales de su total confianza: el traumatólogo Mikel Sánchez y el odontólogo y estomatólogo Eduardo Anitua, que lleva tratando la dentadura del emérito desde hace años.
Prestigioso médico e investigador, entre otros ilustres pacientes de Anitua figuran rostros tan conocidos como el tenista Rafael Nadal, el cantante David Bisbal o el futbolista Andrés Iniesta. Pero quizá su conexión más curiosa es la que le une a otro personaje muy popular, el humorista José Mota.
En ella, el experto en biomedicina y el que fuera miembro de Cruz y Raya abordaron el estudio de términos como el 'cansinismo', que Anitua relacionaba con la perseverancia, fundamental en el método científico y responsable de descubrimientos clave. La estrecha relación entre ambos ha llegado incluso a la pequeña pantalla, ya que en una ocasión Eduardo Anitua se atrevió a hacer un cameo en uno de los sketches del programa 'La hora de José Mota' en Televisión Española. En él, el dentista interpretaba con buen temple a una versión ficticia de sí mismo asesorando a la abuela del cómico sobre una prótesis.
Aunque él iba para deportista, destacando de joven en disciplinas como el esquí náutico o la vela, al final ha terminado siendo considerado como uno de los mayores expertos en implantología del mundo, además de ser un investigador pionero. En 1999, fundó en Vitoria una empresa puntera de biotecnología donde forma cada año a dos mil profesionales de todo el mundo.
Sobre su estrecha relación con Juan Carlos I hablaba en una entrevista para 'XL Semanal' diciendo que un dentista y un rey conectan "en un principio, sobre salud". "Luego terminas hablando de todo. La ventaja de los médicos es que no nos relacionamos con cargos, sino con personas. Y a partir de ahí puede surgir una relación de amistad", continuaba.

Juan Carlos I navega en el Bribón junto a su amigo Pedro Campos en aguas de Sanxenxo.
Incluso se animaba en esa conversación a contar una anécdota sobre el emérito. "Cuando aún reinaba, sus viajes al País Vasco eran absolutamente discretos. Nadie sabía que venía a Vitoria con cierta frecuencia. En uno de los viajes fuimos a San Sebastián y subimos a Igueldo. Él no había estado allí desde hacía 50 años. Vi como se le saltaban las lágrimas mirando a la Concha. Siente un gran afecto por el País Vasco, porque vivió en San Sebastián y guarda muchos recuerdos", recordaba Anitua sobre el padre de Felipe VI, antes de asegurar que tiene la convicción de que "algunos medios lo han tratado muy mal. Muchas de las noticias son falsas. Pero es aquello de difama que algo queda".
Además de con el monarca, también le une una estrecha afinidad con uno de los mejores deportistas de nuestra historia, Rafa Nadal, sobre el que se ha deshecho en elogios en numerosas ocasiones. En declaraciones a la agencia EFE destacaba, por ejemplo, que su mente está "muy bien entrenada y estructurada", lo que, en su opinión, es un factor clave en la carrera de éxitos del tenista español, cuyo comportamiento "es ejemplar tanto en la victoria como en la derrota". Anitua defiende también que la familia del zurdo de Manacor es su gran baluarte, "por el resguardo emocional y afectivo" que encuentra en ella.
Un Vistazo a la Historia de la Odontología
La odontología se remonta al mundo antiguo. Los primeros registros arqueológicos de tratamientos dentales que datan aproximadamente del 14,000 a.C. en Italia. En el antiguo Egipto (3000 a.C.) los médicos incrustaban piedras preciosas en los dientes de los faraones.

Grabado de un proceso odontológico, datado del siglo IV.
Desde la Baja Edad Media en toda Europa proliferaron individuos dedicados a efectuar flebotomías y algunos otros procedimientos quirúrgicos, como abrir abscesos y realizar extracciones dentales, todos ellos ejercían sin ningún tipo de control ni estudios universitarios. En España, el oficio de los barberos flebotomianos se reglamentó en el siglo XV, y los «Barberos Mayores del Rey» redactaron las ordenanzas y tenían la facultad de otorgar poder a los alcaldes examinadores. Los Barberos Examinadores Mayores debían examinar y aprobar a quienes quisieran ejercer, otorgándoles una «carta de examen».
Este médico preocupado por las prácticas deficientes de los barberos flebotomianos influyó significativamente en la España Renacentista con su obra, abordando temas como anatomía dental, caries, enfermedades del periodonto y prótesis.

Ilustración de Edad Media representando una extracción dental.
Pierre Fauchard, considerado el padre de la odontología, promovió la profesionalización del campo en el siglo XVIII. En 1792 En Francia, Pierre Fauchard publica su obra «El dentista cirujano», lo que lo consagra como el precursor de la odontología y le otorga al francés el título de padre de esta disciplina.
A partir de ese momento, se sucedieron una serie de descubrimientos significativos que transformaron la odontología. El caucho vulcanizado, por ejemplo, se introdujo como material para prótesis dentales, brindando nuevas posibilidades en la fabricación de dispositivos dentales. En el siglo XIX, la invención de la amalgama y la seda dental, junto con avances en la anestesia y la microbiología, transformaron la odontología. La primera escuela dental y sociedad dental fueron fundadas por Horace Hayden y Chapin Harris.

Silla odontológica de comienzos del siglo xx.
En términos de técnicas orales, Price expuso la bisectriz en 1904, Raper enunció la aleta de mordida en 1925, Kells ideó la técnica del paralelismo, y Fitzgerald la mejoró en 1947.
La Odontología en España: Un Breve Recorrido
El primer título universitario de Odontología en España fue creado en 1901 por la Reina Regente María Cristina de Habsburgo. Esta licenciatura se impartía en la Facultad de Medicina, pero solo era accesible una vez completado el segundo curso de Medicina. En 1944, el título de Licenciado en Odontología se transformó en una especialidad de la Medicina, con la Estomatología incluida como especialidad médica. La primera Escuela de Estomatología se inauguró oficialmente en 1945, y en 1948 se reguló el título de Doctor Licenciado Médico Estomatólogo.
El Caso de Valencia
La institucionalización de la odontología en Valencia también se limitó a la enseñanza de una asignatura dentro de la Facultad de Medicina, alejándose de un modelo universitario que habría permitido la consolidación integral de la profesión dental, más allá de la atención clínica.
La oposición al proyecto se fundamentó en buena medida en la campaña de desprestigio contra su principal impulsor, Rafael Vilar Fiol (1885-1971), un médico y odontólogo valenciano que poseía una notable formación académica y una sorprendente proyección internacional.
Enrique Llobell Gauchí: Un Pionero en Valencia
En 1934, Enrique Llobell Gauchí, que había trabajado en el Hospital Militar de Valencia y la clínica del museo San Pío V durante la guerra bajo las órdenes del coronel Adolfo Rincón de Arellano. Terminada la contienda, abrió una de las primeras clínicas odontológicas en Valencia en el número 54 de la calle Cádiz de Valencia, consolidándose como un referente de la odontología en Valencia. Enrique Llobell Gauchí pasó a conocerse en la ciudad de Valencia como el Dentista de Ruzafa.
Llobell fue un destacado cirujano maxilofacial que revolucionó la especialidad al presentar en 1985, en Nueva York, una innovadora técnica de reconstrucción para el cáncer avanzado de cara y cuello. Esta técnica, reconocida internacionalmente, permitió la extirpación y reconstrucción simultánea de grandes tumores maxilofaciales. Siempre a la vanguardia, Llobell Palanca también introdujo el primer ortopantomógrafo en España en 1969 y desarrolló técnicas quirúrgicas avanzadas, como la ‘osteotomía intraoral arqueada para progenie’. Publicó numerosos trabajos en revistas especializadas y participó en congresos de diversas disciplinas odontológicas. Además de su destacada carrera, Llobell Palanca su esposa, Monsín Lleó, y tuvo cinco hijos.